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sábado, 28 de febrero de 2026

"Jornadas de Diálogo Narrativas y experiencias en primera persona"

Mario Domínguez Alquicira participará como comentarista en las "Jornadas de Diálogo Narrativas y experiencias en primera persona" a celebrarse en el Instituto Dr. José María Luis Mora el 24 de marzo de 2026 en el marco de los trabajos del Seminario Salud, Historia y Sociedad Contemporánea, un espacio de discusión académica.

El objetivo de estas Jornadas es el de reflexionar sobre los trabajos que serán presentados como dossier para su publicación en la revista Secuencia, del Instituto Mora. De ahí la importancia de reunir a comentaristas expertos que mejorarán significativamente la versión final de los artículos.



martes, 19 de abril de 2022

Presentación del libro "La fosa séptica del infierno" de Arturo Meza

 

Gente de México ediciones

invita a la presentación del libro

La fosa séptica del infierno

de

Arturo Meza Espinosa

Presentador: Mario Domínguez Alquicira


Esta novela, quizá, la más desgarradora de Arturo, es un viaje a la mente de un esquizofrénico. Una temporada corrosiva en el infierno de un espacio-tiempo sin medida. Puede ser un minuto, una hora, años o toda la eternidad que se repite deslizándose por una desquiciante analema donde navega preso.


Viernes 15 de abril de 2022
 
DADA X
 



miércoles, 11 de abril de 2018

I CONGRESO INTERNACIONAL DEL CENTRO DE ESTUDIOS DE LA CULTURA



I CONGRESO INTERNACIONAL DEL 

CENTRO DE ESTUDIOS DE LA CULTURA

DE GUERRA Y MUERTE



VIERNES 18 DE MAYO DE 2018
16:00 a 17:30 Mesa 6:
Mario Domínguez Alquicira: 
El fin de la guerra o el sueño de un loco

jueves, 7 de abril de 2016

Presentación del libro "The End" de Arturo Meza

The End es una historia que comienza durante la guerra en Bosnia-Herzegovina y concluye en París, veintiún años después. Es la historia de un río metido en la piel de un hombre que se sueña dentro de una guerra interminable perpetrada por psiquiatras locos  y secundada por una red interminable de cómplices, todos ellos hermanados y manipulados a su vez por una fuerza invisible en un complot de dominio sobre los restos de una humanidad decadente e inservible a la que succionan desde hace milenios. 

Es la historia de un escritor de los Balcanes al que jamás se le ha publicado porque sus legajos, aunque bien engargolados pero sumamente sucios y desgastados, están escritos en claves y códigos intraducibles.

Arturo nos muestra la gran pesadilla de estar vivos dentro de la piel de la muerte. El desolado feudo interior de la locura sin posibles intersticios de salida.

miércoles, 26 de octubre de 2011

TERCER FORO SOBRE TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA Y SEGUNDO COLOQUIO SOBRE NUEVAS LOCURAS



Con gran éxito se realizó el Tercer Foro sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria y el Segundo Coloquio sobre Nuevas Locuras los pasados 25 y 26 de noviembre, organizados por la Fundación Mexicana contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria,  Ellen West en conjunto con el Senado de la República y la Universidad La Salle. En dicho foro se impartieron pláticas y mesas en las que se habló de diversos aspectos relacionados con los trastornos de  la alimentación como son la Anorexia, la Bulimia y el trastorno por atracón.
Asimismo, se contó con la  presencia de importantes especialistas nacionales e  internacionales como el psicoanalista Marcelo Hekier, Jefe del Servicio Bulimia y Anorexia del Centro de Salud Mental N° 3 “Arturo Ameghino”, dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y autor del libro “Anorexia – Bulimia: Deseo de nada”, quienes en conjunto establecieron temas de interés para los asistentes. Por otro lado, miembros del Círculo Psicoanalítico Mexicano y de la revista digital Carta Psicoanalítica también fueron piezas clave de este foro, estableciendo mesas en donde se tocaron temas como “El adolecente y su goce: adicción o depresión” y “Adicciones-Anorexia-Bulimia: Patologías del Acto”, en las cuales se estableció un diálogo directo con el público asistente, contestando preguntas y dudas acerca de los trastornos de la alimentación.
Al ser un evento organizado en conjunto con el Senado de la República, se contó con la importante participación del Senador Guillermo Tamborrel Suárez, presidente de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables, el cual participó en la Mesa Magistral del foro en donde se habló de los avances en materia legislativa y política de salud en trastornos de la conducta alimentaria.


domingo, 20 de febrero de 2011

Texto del Dr. Juan Vives sobre Tres grandes sueños...

 
Quiero agradecer a los autores su atenta invitación a presentar su más reciente libro; me siento muy afortunado ante la posibilidad de comentar un texto tan lleno de ideas, sugerencias y guiños de complicidad —además de que ha sido escrito en un magnífico español que, con frecuencia, alcanza momentos de gran belleza formal y estilística.
Se trata de un libro que, siguiendo la onda expansiva dejada por la celebración de los cien años de publicación de La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud, también aborda esa materia sutil y evanescente que se construye noche a noche durante el proceso onírico. Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción. Una visión psicoanalítica, de Pablo España y Mario Alquicira es un texto basado, en lo esencial, en el que ha sido llamado el sueño de los sueños: el de la inyección a Irma, que soñara Sigmund Freud la noche del 23 al 24 de julio de 1895; pero también en el sueño siniestramente predictivo que tuviera Louis Althusser dieciséis años antes de que asesinara a Hélène; y en ese par de obras-sueño de Lewis Carroll, inspiradas en el amor paidofílico que su amiguita Alicia Liddell le inspirara, y cuya concreción literaria conocemos como Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. Es interesante destacar los atributos con los que nuestros autores reparten los tres adjetivos para calificar estos tres sueños, colocando la pasión en Freud, la locura en Althusser y la seducción en Carroll.
Antes de pasar al tema del libro de España y Alquicira, quisiera referirme, si bien brevemente, a una de las cuestiones aún muy debatidas dentro del psicoanálisis: me refiero al tema mismo del análisis aplicado. Interpretar cualquier producto psíquico sin disponer de las consecutivas asociaciones del sujeto productor de un sueño, un discurso, un texto literario, una pintura, una obra musical, una creación cinematográfica, o cualquier otro “material”, ha sido criticado por una buena parte de los analistas como una tarea poco seria, superficial, carente de bases sólidas —incluso, como ejercicios de exhibición autobiográfica más o menos encubierta. En el otro polo, quienes se aplican con rigor al método psicoanalítico como una forma particularmente penetrante de ejercicio hermenéutico, consideran legítima esta aplicación de los conceptos psicoanalíticos al estudio de los productos, tanto individuales como colectivos, de la mente humana. Freud mismo fue el iniciador de esta segunda perspectiva. A partir de aquel lejano intento de aplicar sus intuiciones psicoanalíticas al mejor entendimiento del cuento de Ferdinand Meyer, titulado La jueza, el descubridor del inconsciente no dejó de aplicar el método psicoanalítico y las teorías que de él derivan al estudio de las obras artísticas de los grandes creadores: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Dostoievski, Goethe, Shakespeare, Cervantes, Ibsen, Balzac, Zola, etcétera; así como al estudio de las religiones y la religiosidad, los mitos universales, el origen de las lenguas, las formulaciones de la historia y la antropología, la dinámica de las normas morales y las pautas culturales de todos los tiempos, las entretelas de los chistes y el humor, etcétera.
Una vez aclarada la legitimidad de este tipo de estudios, podemos pasar a Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción. Una visión psicoanalítica de Pablo España y Mario Alquicira. En la primera parte, los autores nos recuerdan algunos de los sucesos más importantes durante el proceso de descubrimiento del psicoanálisis como disciplina, así como de la institución analítica. Un aspecto relevante de esta revisión tiene que ver con la constatación de la casi febril búsqueda de Freud para encontrar un alivio para el sufrimiento neurótico: primero para sus propios problemas depresivos —a los que denominaba “neurasténicos” y que en un primer momento intentó aliviar por medio de la cocaína— y luego con el psicoanálisis como una forma de tratamiento para los neuróticos que llegaban a su consultorio. No resultan indiferentes en esta historia las intensas corrientes afectivas que el descubridor del inconsciente cruzaba con Wilhelm Fliess, ni los denodados esfuerzos que hacía —incluyendo el sueño de la inyección de Irma— para conservar su admiración y amor. La pasión amorosa por Fliess puede advertirse como telón de fondo, a veces casi sin disimulo, a lo largo de su correspondencia. En relación al de la inyección a Irma, los autores sostienen que se trata de un sueño-impostura, ya que viene a sustituir a otro sueño, censurado por su amigo. En forma semejante, muy influidos por Jean Baudrillard, enfatizan el aspecto transferencial de este producto onírico desde lo que tiene de seducción, de violación y de crimen. Desde esta perspectiva, Freud aparece, a los ojos de los autores, con una suerte de vocación de seductor: más como un violador que como un conquistador, como él se autodenominaba.
El hecho es que este sueño vino a abrir un campo de investigación inabarcable y fascinante: el sueño es la manifestación de un fenómeno regresivo que, día con día, necesitamos con el fin de establecer un paréntesis en las tareas cotidianas que hemos llevado a cabo desde la actividad psíquica consciente donde imperan los modos del proceso secundario; también corresponde a una forma especial de trabajo psíquico sobre todo aquello que durante el día no pudo ser atendido o elaborado —es decir, ligado a sus respectivos árboles asociativos. El dormir ofrece la oportunidad única para el despliegue de la actividad onírica, en virtud del relajamiento de las cortapisas que la vida civilizada nos impone durante la jornada diurna mientras estamos inmersos en los compromisos que la sociedad nos impone. El proceso onírico nos libera de nuestras ataduras superyóicas; es el momento en que domina nuestro yo más narcisista, donde no tenemos el imperativo de la consideración por el otro, paréntesis durante el cual podemos hacer caso omiso de las normatividades culturales y éticas con las que nos regimos en la vida despierta, donde existimos en un presente atemporal y mágico. El sueño es el territorio de la libertad casi irrestricta —dado que la censura onírica nunca duerme del todo— y de la satisfacción de nuestros más caros e irreductibles deseos infantiles.
El sueño también nos puede anunciar catástrofes orgánicas, rupturas psicóticas con la realidad u homicidios por realizar, como ocurrió con Louis Althusser. La experiencia ocurrida con este filósofo también les proporciona a los autores un marco de referencia ideal para discutir la inquietante cercanía existente entre las teorías científicas y el delirio, el parentesco colindante entre la razón y lo irracional. El 10 de agosto de 1964, Althusser tuvo un sueño en el que se anunciaba el futuro asesinato de su mujer, cometido el 16 de noviembre de 1980. Este caso excepcional sirve como telón de fondo para analizar las relaciones entre la locura y una vida aparentemente juiciosa, para entender a la psicosis como un epifenómeno en el que se expresa un mundo falto de simbolización, donde la locura dice aquellas cosas que carecen de palabra y sólo pueden acceder a la realidad mediante un acto irracional, absurdo la mayoría de las veces, pero pleno de sentido para la lógica y la dinámica del proceso primario. Fuertemente determinados por el pensamiento de Jacques Lacan, los autores escriben sobre la elaborada filigrana del pasaje al acto como concepto que permite dar cuenta de lo psíquico no simbolizado —aquello que Christopher Bollas denominó como lo sabido pero no pensado.
Esta tragedia sirve de antecedente para las interesantes reflexiones que los autores hacen sobre otros casos en los que la dinámica sadomasoquista aparece con especial transparencia: el caso de Yukio Mishima y el divino marqués. En el caso del genio japonés, el sufrimiento infantil pudo encontrar una forma de simbolización en el arte: en la creación literaria y musical, pero también en un cultivo del cuerpo que desembocó en una singular identificación del novelista nipón con el asaetado San Sebastián, que simboliza la estructuración de una gravísima patología masoquista que culminaría con el suicidio ritual y la decapitación de Mishima. Esta modalidad exhibicionista de destrucción les da pie para el estudio de su homólogo libidinal: Giacomo Casanova. Al mismo tiempo, los autores establecen las diferencias entre la psicosis de Althusser y las actividades literarias de Sade, gran fantaseador del mal y de la crueldad que, sin embargo, no pasó de ser un transgresor un tanto pálido en la realidad.
Sin embargo, el caso de Althusser está lejos de ser simple, ya que en este insigne filósofo la dinámica de la locura se juega en una dialéctica en la que la pulsión de muerte transita con libertad entre ambos miembros de la pareja, en una dinámica dual en la que el suicidio y el homicidio dejan de tener límites definidos —por el contrario, ambas formas destructivas son actos equivalentes para el psiquismo de vasos comunicantes existente entre Louis Althusser y Hélène. De ahí la lucha que, desde que trabaron conocimiento sostuvieron con el fin de dilatar hasta el límite de sus fuerzas el imperativo del asesinato-suicidio, lucha en la que René Diatkine —analista del primero— también se debatió hasta el límite de sus recursos psicoterapéuticos y humanos, siempre vivido no tanto como el analista sino como el incondicional admirador de su brillante analizando. Caso patético de sufrimiento llevado al límite, ejemplo de la complejidad que puede entretejerse en los destinos de la pulsión de muerte: hacia el adentro y hacia el afuera simultáneamente, como lamentablemente hemos podido constatar en los episodios terroristas del 11 de septiembre de 2001 ocurridos en Nueva York y Washington en los que los homicidas se autodestruyeron (dimensión suicida) al tiempo que destruían en el afuera (parte homicida de la pulsión de muerte). Doble vertiente de la folie à deux. Locura de dos entre Louis y Hélène, dos seres que comparten la misma y aterradora enajenación; pero también doble locura en la que la pulsión de muerte se manifiesta tanto en el adentro (en el suicidio psíquico de Louis Althusser) como en el afuera (en la destrucción física de Hélène). Es como si en lo siniestro del fenómeno del doble conviviesen codo con codo, en pie de igualdad, gemelarmente, los procesos primarios y los secundarios. Se trata de un vínculo paradójico basado y energizado por las fuerzas de la desvinculación, de una mano que acuchilla a su imagen en el espejo y la/se mata.
El fenómeno del doble y la dinámica narcisista del espejo son el pretexto que Pablo España y Mario Alquicira usan para ofrecernos sus reflexiones en torno de las obras gemelas y complementarias de Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. Como era lógico imaginar, el drama del espejo ancla sus motivaciones en la duplicidad interna del autor de los cuentos, en la escisión que se estableció entre la rigidez, mal humor y severidad del religioso Charles Ludwidge Dodgson y la capacidad lúdica, el espíritu juguetón y las manifestaciones de una libido polimorfo-perversa y paidofílica del cuentista Lewis Carroll. De ahí que no sea extraño que el doble —el espejo— sea el marco desde el cual se desarrollan estos cuentos oníricos, tan pletóricos de simbolismos y de las sinrazones propias de los sueños. También resultan lógicas las referencias obligadas a El hombre de arena, de Hoffmann (base para el trabajo sobre “Lo ominoso” de Freud); a El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde; y a la más representativa de las novelas sobre el género: El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hide, de Robert Louis Stevenson.
En esta tercera parte, los autores establecen la comparación entre la estructura del relato de Carroll y algunos de los postulados del surrealismo y su énfasis en lo irracional, en la ruptura de la lógica formal y en la profunda significación del sinsentido. Incluso pensamos que la conocida dinámica bretoniana del amor loco podría explicar buena parte del psiquismo de los tres protagonistas de este libro y, así, constituirse en la tesis nuclear de España y Alquicira. Asimismo, los autores recurren a las obras más significativas de Franz Kafka con el fin de establecer las semejanzas existentes entre los mundos oníricos del checo atormentado por las ataduras del superyó paterno y los del inglés torturado por sus imposibles enamoramientos de inquietantes prepúberes, a las que —con espíritu de entomólogo coleccionista— tuvo que contentarse con fijar en fotografías en un intento de detener el tiempo y evitar que la sexualidad se manifestara en ellas en su forma más elaborada. La necesidad de preservar esa “pureza infantil” —en realidad las fotografías realizadas por el señor Dodgson resultan bastante eróticas y sugestivas— de detener el tiempo gracias a la magia de la fotografía, provocan que el reverendo tenga que refinar, hasta su máxima perfección, el arte de la seducción. Su refinado arte de seductor de menores le proporciona momentos de arrobadora cercanía con sus modelos, a las que viste o desviste a placer. Su maestría consiste no tanto en la desnudez de la niña, sino en la develación de esa sugerencia de sexualidad que toda prepúber lleva en su cuerpo. De nueva cuenta inspirados por Baudrillard, los autores establecen las equivalencias entre la seducción y la violación, entre el hechizo y el crimen.
Al final, los autores concluyen estableciendo los puntos de unión en los que Freud, Althusser y Carroll devienen hermanados como tres grandes violadores, como tres criminales que se caracterizaron por su capacidad para la seducción, para esconderse bajo máscaras utilizando seudónimos o modificando sus nombres originales, por su excepcionalidad (quizás desde la perspectiva descrita por el propio Freud en “Las excepciones” — aunque los autores no tocan esta faceta del narcisismo negativo), por sus ideales de pureza y de belleza, y por su actitud ante la muerte y el tiempo. También quedan hermanados por su locura en la desmesura transferencial, la dificultad narcisista para asumir la incompletud, y su horror ante los genitales femeninos —es decir, la excepcional intensidad con la que la angustia de castración se manifestó en ellos.
Como podemos ver, se trata de un texto particularmente interesante, elaborado con cuidado, tiempo y erudición, que aborda tres episodios existenciales o momentos de vida críticos que resultaron determinantes para la creación o la destrucción. El descubrimiento del inconsciente, una profunda teorización sobre el marxismo y dos obras literarias de gran calidad y belleza, son el resultado formal de sendas vicisitudes en las vidas de Freud, Althusser y Carroll, respectivamente; pero tras estos productos de alto valor cultural, artístico y científico los autores nos descubren un mundo íntimo y subterráneo lleno de angustia, de locura, de pasión de erotismo y de muerte.
Se trata, pues, de un texto pleno de valiosas sugerencias e innovadoras ideas —algunas de ellas muy polémicas, pero preñadas de consecuencias. Pienso que su lectura, además de cumplir la misión de instruir al lector sobre los pormenores que explican cómo están entretejidos los vectores inconscientes que determinaron el destino de estos tres hombres de genio, aportan un material formidable y valioso para abrir una discusión sobre el problema de la psicosis y la creatividad y sus estrechas interrelaciones; sobre la importancia de los deseos parentales —de vida y de muerte— en la estructuración psíquica del sujeto, y sobre esos “delirios” vestidos de teorías científicas y esas “perversiones” al servicio del arte y de las ciencias humanas.
Sólo me queda agradecer de nueva cuenta a Pablo España y Mario Alquicira el haberme brindado la oportunidad de esta lectura y de una fructífera inmersión en ese universo de pasión, locura y seducción que su interesante libro me proporcionó. Muchas gracias.
***
[Texto leído por el Dr. Juan Vives Rocabert, Presidente de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, en la presentación de Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción. Una visión psicoanalítica, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México, diciembre 10 de 2001.]

Texto de la Dra. Carmen Pardo sobre Tres grandes sueños...



El acto de la escritura es un acto en que el sujeto se muestra y nos muestra las múltiples escrituras que lo han definido. Juego de espejos, como en la Alicia de Lewis Carroll, en donde aparecen reflejadas y refractadas las múltiples escrituras que lo habitan. Pasión, locura y seducción en tres grandes sueños que, como todos los sueños, muestran desfiguradas, diría Freud, escenas que remiten a otras escenas como intentos de cercar o bordear lo indecible.
Pasión, locura y seducción en que los autores de este libro nos muestran, en escenario virtual, las escrituras de Sigmund Freud, Louis Althusser y Lewis Carroll, reflejándonos sus propias pasiones, locuras y seducciones. Así también, podemos nosotros vernos más o menos reflejados en su escritura sobre estos tres personajes.
Sería ocioso, como dice Carlos Fernández Gaos en el prólogo, volver a repetir que no hay interpretación válida de un sueño sin las asociaciones del soñante. Lo sabemos todos. Pero lo que encontramos acá es la marca en los autores de la escritura de los personajes, vale decir: las asociaciones que hicieron a partir de su propia lectura y de sus propios sueños, mismos que nos entregan para que nosotros también soñemos el nuestro. Y para soñar están los libros...
Locura de la escritura que intenta bordear el amor y la muerte. Acto o pasaje al acto donde el sujeto aparece en el suicidio, el homicidio, el sueño o la escritura. Acto de dar testimonio de haber sido, aunque sea en el instante mismo del pasaje al acto, como dicen los autores que ocurrió a Louis Althusser y a Yukio Mishima.
Acto que da testimonio de lo que Freud soñó para nosotros al legarnos el psicoanálisis y al escribir su “sueño paradigmático”, mismo que ha sido objeto de múltiples reinterpretaciones entre los psicoanalistas. Pero el enigma que habita en los escritos de Carroll y Freud para nosotros, sus lectores, más allá de lo que ellos mismos escribieron o lo que Althusser se propuso al poner palabras a su sueño es justamente lo que invita y apela a la interpretación. Sólo lo no dicho, o lo que suponemos no dicho, es lo que convoca necesariamente a la interpretación y a la creación de nuevas significaciones.
Creo que al recorrer los caminos por los cuales Pablo España y Mario Alquicira nos conducen, cada lector se preguntará si realmente habrán sido esos los deseos inconscientes de los tres personajes, tal como proponen los autores al analizarlos. Pero de cualquier forma, esto nos convocará seguramente a construir nuevos sentidos para nosotros.
En mi caso, por ejemplo, donde creo haberme encontrado y reflejado no es en lo que los sueños nos muestran de los deseos inconscientes y de la vida intrapsíquica de los personajes, sino justamente en lo que leo al revés. Desde mi lectura, los autores logran dar sentido a los sueños con los que trabajan, a partir de la vida de los personajes principales, de todos los otros que aparecen a lo largo del libro y, me atrevería a decirlo, fundamentalmente de sus propias vidas.
Así como ellos afirman que no van a analizar a Irma, ni a Hélène, ni a Alicia, sino a Freud, Althusser y Carroll, yo diría que el libro nos habla de España y Alquicira. Y no pretendo acá hablar de sus fantasías inconscientes, ni siquiera de las preconscientes, esas ellos las sabrán. Pero sí de su propia interpretación a partir de la gran cantidad de información sobre la vida de sus personajes y de su creatividad para hacérnoslos entrañables.
En algún momento nos dicen, hablando de Giacomo Casanova, que en la base de su relato y en la invención de sus aventuras “subsiste una experiencia humana”. No sé qué es lo que España y Alquicira hayan experimentado en sus propias vidas, pero me atrevería a afirmar que pudieron escribir este libro porque han vivido mucho a través de lo que han leído. Leer también es una profunda experiencia humana cuando hay pasión y seducción, y los autores nos regalan en un libro su experiencia...
Varios personajes cobran vida en un acto creativo y literario que, más allá de las interpretaciones a que ellos llegan, válidas o no para cada lector desde un intento explicativo, esas vidas nos implican. Los autores nos los acercan y compartimos con ellos aquello que de indecible hay en la locura, la pasión y la seducción, aquello que la literatura y el arte en general transmiten mucho mejor que cualquiera de las ciencias. No en balde, el libro está repleto de referencias literarias y cinematográficas. Aquellas seguramente por las que España y Alquicira o Alquicira y España se sienten particularmente seducidos, aquellas que los invitaron a soñar y a escribir.
Freud mismo hizo uso de la literatura, la tragedia y el teatro, toda vez que intentó transmitir lo trágico, lo siniestro y lo inasible del existir. Y es en este sentido que el libro me toca particularmente, y donde creo que las relaciones entre el psicoanálisis y el arte son más fecundas. Cuando el psicoanálisis habla y nos dice que somos hablados por aquellas mismas cosas que el arte transmite con imágenes o palabras; cuando las palabras en la literatura hablan de lo que no se agota con palabras.
Con Freud nos llevan nada menos que a esos momentos inaugurales en que está construyendo los principios y conceptos básicos del psicoanálisis. Un Freud que se enfrenta al temor, a la culpa, a tener que sostener para sí mismo la imagen de su querido amigo Fliess y al costo que tanto para él como para sus pacientes tendrían sus primeros intentos de trabajo.
En el capítulo consagrado a Althusser nos hacen recorrer junto con ellos un camino que va desde las preocupaciones del teórico marxista hasta las emociones del artista Mishima. Pasaje al acto, diría el psicoanálisis, explicado desde la historia de la locura o perversión del sujeto. Acto sagrado que, sin palabras, habla de ocupar un “lugar en la historia”; acto supremo donde el sujeto se “salva” al dar sentido a su existencia, cuando parece que ésta deja de tenerlo.
En el capítulo dedicado a Carroll, por ejemplo, siguen el camino de Jorge Luis Borges para acotar la literatura fantástica y van trabajando literariamente los personajes y situaciones de Alicia en el país de las maravillas. Camino que los lleva (llevándonos también a nosotros) a Robert Louis Stevenson y Gustav Flaubert, y así desde la literatura vamos acercándonos a la escisión fundante del psiquismo y la imposibilidad del deseo, temas de los que —como sabemos— nos habla el psicoanálisis.
En lo que difiero con los autores es en llamar “errores de Freud” a algunas de estas vicisitudes, así como a algunos de sus postulados en relación con la biología y la filosofía. Y no porque quiera defender a Freud, él no necesita defensa, sino simplemente para precisar que todo conocimiento se construye en un contexto histórico-social-epistémico y que las dificultades en la construcción del psicoanálisis, como en todo saber, están hiladas con reformulaciones y resignificaciones entre el sujeto y el objeto, y no pueden valorarse fuera de su contexto.
Tal vez convendría citar en este punto las palabras que dice Freud a Fliess en la carta del 7 de agosto de 1901: “Y también tú has llegado al límite de tu agudeza, tomas partido contra mí y me dices algo que desvaloriza todos mis empeños: ‘El lector del pensamiento no hace sino leer en los otros sus propios pensamientos’”. Sin embargo, lo interesante en este libro es la forma en que los autores nos aproximan y nos transmiten su sentir acerca de Freud. A ese enigmático Freud que pretendía “mover las regiones infernales”. A quien, mostrándose para nosotros y regalándonos sus propios sueños, nos legó un sistema de pensamiento que transformaría los cimientos de la concepción que del hombre se tenía, destronando para siempre a la conciencia del centro de la existencia. Cosa que nos seduce porque a todos nos concierne.
No hay deseo sobre el saber que no pretenda un saber sobre el deseo. Y alrededor de esto gira precisamente el psicoanálisis. Para terminar quisiera decir que escribir, dialogar y leer entre amigos sobre temas que nos apasionan y seducen, también para mí constituye un sentido de vida.
***
[Texto leído por la Dra. María del Carmen Pardo y Brügmann en la presentación de Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción. Una visión psicoanalítica, Coyoacán, agosto 2 de 2001.]

Coloquios, Nuevas locuras

 NUEVAS LOCURAS. REFLEXIONES CLÍNICAS ACERCA DE LOS DESAFÍOS DEL SIGLO XXI
 

SÁBADO 19 DE FEBRERO DE 2011
MESA 4
LAS ADICCIONES: ¿PATOLOGÍAS DE LA MODERNIDAD?
Mario Alberto Domínguez Alquicira
Psicoanalista