“La
palabra es el hombre mismo. Estamos hechos de palabras.
Y aún el silencio dice algo, pues está preñado de signos. No podemos escapar
del lenguaje.
El poema es creación original y única, pero también es lectura y recitación:
participación.
El poeta lo crea; el pueblo, al recitarlo, lo recrea.
Poeta y lector son dos momentos de una misma realidad.
Alternándose de una manera que no es inexacto llamar cíclica,
su rotación engendra la chispa: la poesía.”
O. Paz
Buenas tardes, en primer lugar quisiera agradecer a Carta Psicoanalítica, en especial al Mtro. Rodolfo Álvarez del
Castillo por haberme invitado a participar y por hacer posible este evento;
asimismo, al Doctor Mario Alquicira por haber aceptado amablemente la
invitación a presentar su libro en la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Esta presentación es distinta a muchas otras, puesto que mi primer encuentro
con el autor fue a través de la lectura de este libro, es decir, con la palabra
escrita y no podré hablarles de los muchos años de amistad y trabajo juntos, al
menos por ahora, sin embargo no por ello considero este encuentro menos
enriquecedor. Siempre es un motivo de celebración la publicación de un libro.
Además de honrada me siento agradecida con el autor por la generosidad con la
que es capaz de darnos a conocer el fruto de largas horas de trabajo para
deleite de todos nosotros como lectores, por ello me es muy grato presentarles
el libro El adicto tiene la palabra. El
fundamento metapsicológico de las adicciones de Mario Domínguez Alquicira.
Si partimos de que la escritura se constituye como momento creativo, vivencia
de inscripción única e intransferible, como modo en que en el psiquismo se
relacionan ambas dimensiones, saber y goce o, en términos freudianos,
representación y pulsión, la que permite dar cuerpo a ese saber y limitar ese
goce traumático por definición, para poder hacer viable la existencia del ser
humano, entonces ¿cuál es la escritura de El
adicto tiene la palabra?
Este es un libro que llevará al lector a situarse frente a un terreno arcilloso
y fértil que ha sido motivo de controversias dentro del psicoanálisis y lo hará
caminar sobre el borde, allí donde pareciera que no hay sujeto, sino droga; nos
referimos al terreno de las adicciones.
El lector que apenas ojee sus páginas advertirá de inmediato la importante
tarea de investigación que el autor realizó, trabajo digno de reconocerle. En lo personal, a lo largo del libro,
encontré un estilo de trasmisión explicativo por parte del autor, que permite
que aquellos que se acerquen a su lectura y desconozcan por completo el tema,
se puedan encontrar con algunas puertas de entrada al mismo.
Me resultó interesante la indagación que realiza Mario Alquicira en el capítulo
II que lleva por título “Breve Historia de los conceptos psicoanalíticos sobre
adicciones”. El autor va delineándonos un camino sobre las primeras teorías
psicodinámicas que surgieron en relación a las adicciones y que florecieron
incluso antes de que se inaugurara formalmente el psicoanálisis desde la obra
de Freud y aquellos que formaron parte de las primeras generaciones de
analistas que actualmente son llamados “clásicos“, hasta las teorías más
actuales que se plantean el problema de la toxicomanía desde la perspectiva de
las patologías de la ética, propias del mundo contemporáneo.
El autor nos pone de manifiesto las principales vertientes y deslizamientos por
los que ha atravesado el psicoanálisis en relación a las toxicomanías, haciendo
una investigación minuciosa. En este recorrido histórico lustroso, Mario
Alquicira no deja de mostrarnos su propia postura frente al trabajo clínico de
las adicciones, sus filiaciones y rupturas, y comparte con Souza y Machorro “no
caer en la tentación de decir que existe una explicación única del fenómeno de
las adicciones” (pág. 93).
El libro parte de la premisa de que el psicoanálisis no es un cuerpo teórico ya
acabado, más que de un psicoanálisis, tendríamos que hablar de “los
psicoanálisis”, a su vez se pone de manifiesto que ante el problema de las
adicciones algunas teorías psicoanalíticas han hecho de conceptos como: síntoma,
fijación oral, Edipo no resuelto, entre otros, un catálogo para dar una
explicación sobre lo que le ocurre al sujeto. Entonces ¿de qué psicoanálisis
nos habla el autor en el trabajo con las adicciones? ¿Cuál es el contexto
histórico e ideológico en que se escribe El
adicto tiene la palabra?
Para ello, escuchemos a Alejandro Salamonovitz (1999):
“Nuestras
civilizaciones contemporáneas se han convertido en culturas del silencio, el
tamaño del problema y el aumento porcentual a través del tiempo hace inevitable
cuestionarnos en torno a la contribución que hace nuestra bárbara civilización
a la producción de este mal, este flagelo es el sufrimiento de la cultura
contemporánea.
Nuestras sociedades paranoizantes fundadas en esas instituciones cuyo núcleo es
el panóptico descrito por Michel Foucault han convertido al planeta en un gran
hospital psiquiátrico, donde hay terapias psiquiátricas masivas, etiquetas,
clasificaciones que buscan suprimir los síntomas y la palabra para arrojarnos a
los hielos del silencio. El saldo del proyecto salta a la vista: son millones
los deprimidos y adictos, muchos de los cuales imploran una terapia
farmacológica, otros no les queda más que acariciar la muerte. Y es que cierto
psicoanálisis al pisar las instituciones, o incluso fuera de ellas, ha caído en
ser normativo, buscando tener tipologías, estereotipos y sintomatologías para
explicar el problema de las adicciones”.
Bajo ese panorama, éste es un libro que viene a cuestionar ciertos enfoques
psicoanalíticos que abordan el problema de las adicciones; por lo tanto, es un
libro abierto al debate y a la controversia. Cabe resaltar la importante
influencia que sobre Mario Alquicira han ejercido grandes maestros del
psicoanálisis, quedando configurado para este libro un marco teórico de fuente
sólida freudiana con aportes importantísimos de Jacques Lacan y Sylvie Le
Poulichet, psicoanalista francesa, siendo esta autora un punto de anclaje
sustancial para el autor. Para Le Poulichet, en la práctica clínica con este
tipo de pacientes, se puede realizar un trabajo en los bordes de la cura. Algo
que cabe resaltar es que para el autor del libro las explicaciones
psicodinámicas que existen sobre las adicciones no constituyen del todo una
explicación metapsicológica, al no haberse adentrado además al terreno
económico, es decir, a lo energético del psiquismo. A propósito de esto, en el
capitulo V titulado “De un ‘Proyecto de psicología para neurólogos’ a un
‘Proyecto de neurología para psicólogos’”, el autor realiza un análisis
descriptivo interesante del “Proyecto” de Freud de 1895.
El autor parte de la premisa de la necesidad de superar la oposición
psicoanálisis-adictologia, ya que la dicotomía radical de ambos enfoques en cuanto
pretenden una absolutización excluyente, en lugar de reconocer sus respectivas
limitaciones y mutua complementariedad tiende a conducir por ambas partes a una
estéril disquisición encerrada en sí misma, es por ello que Mario Alquicira
toma el modelo energético del “Proyecto” de Freud para dar una explicación del
psiquismo en el sujeto adicto.
Recordemos que este opúsculo lo escribe Freud para su amigo Fliess, es un
trabajo que ha provocado largas controversias en el psicoanálisis. En él Freud
desea construir una psicología que pueda ser una ciencia natural, esto es,
representar el proceso psíquico como estados cuantitativamente determinables de
partículas y materiales especificables. Para el autor, Freud se configura como
un “teórico neurónico” a través de los grandes descubrimientos realizados en el
campo de la neurofisiología, amparados éstos por sus publicaciones clínicas e
histológicas sobre el sistema nervioso. En estos trabajos de Freud, como el “Proyecto
de psicología” y los Escritos sobre la
cocaína, podíamos vislumbrar los primeros intentos por descubrir un alivio
para el sufrimiento humano. El “Proyecto de psicología para neurólogos” vendría
a ser entonces un anticipo del esquema del peine, en donde Freud explicaría
cómo la motilidad conduce a la búsqueda del objeto, no encontrándose ese objeto
porque está perdido de origen, convirtiéndose esto, en una vivencia
irrepetible, experiencia que provoca una herida, estamos hablando de “la
primera vivencia de satisfacción” misma que es la esencia de las más profundas
consecuencias para el desarrollo de las funciones en el sujeto.
Conceptos como neuronas “impasaderas”, potencial de reposo, neuronas omega,
potencial de acción, barreras antiestímulo, entre otros, son términos que Mario
Alquicira tomará para darnos una explicación psíquica del problema de las
adicciones. Para el autor, el “Proyecto” de Freud representa un intento por
fundar una nueva psicología científica sobre la base de una neurofisiología; de
ahí que tenga que transcribir a un lenguaje anatómico los primeros
descubrimientos hechos en el terreno de lo psíquico.
Uno de los postulados centrales que nos refiere este libro es que, en las
adicciones, tendría lugar una falla en la función integradora y protectora del
yo, por ello un propósito importante de la droga sería el de proveer una coraza
contra las cantidades excesivas de energía que irrumpen el sistema, ocasionando
una ruptura de las barreras. Para el autor, en la adicción, existiría un
aparato psíquico afectado en su función protectora contra los estímulos,
fracasado en su ocupación de conservar un cuerpo. Asimismo, en el aparato
psíquico del adicto existiría una falla en la ligadura entre la pulsión y el
significante a su vez ocasionando que haya una carencia de la simbolización
para producir un síntoma neurótico.
Esto dará la entrada a una de las tesis principales: “la adicción no es un
síntoma''. Debo mencionar la sorpresa que causó encontrarme con este
planteamiento, ya que como el libro nos enseña, en la historia del psicoanálisis
y las adicciones la mayoría de los autores han planteado que la adicción a las
drogas es un síntoma, incluso algunos autores como el psicoanalista Armando
Barriguete la señalan como una enfermedad. Escuchémoslo: “[…] al hablar de la enfermedad alcohólica y en general de cualquier adicción,
es indispensable iniciar una lucha feroz contra la parte adictiva de la
personalidad que tiende a regresar al enfermo a ese mundo de fantasía y
omnipotencia que lo lleva a la muerte lenta, pero segura” (pág.25).
En relación a esto el lector encontrará un debate muy interesante que sostiene Mario
Alquicira con este psicoanalista mexicano, en donde se ponen en controversia
las tesis centrales de cada uno sobre este tema, habiendo señalamientos muy
directos por parte del autor a la obra de Barriguete.
En lo personal me pregunto, si agrupaciones como Alcohólicos Anónimos tienen un
impacto en la sociedad y reúnen una cantidad importante de miembros, debido a
su filosofía de los "doce pasos" y de "sólo por hoy", ¿qué
sucede en el psiquismo del sujeto cuando el pensar su alcoholismo como un
síntoma y verse como enfermo, como alcohólico de por vida, ya sea que tenga un
mes o diez años sin beber es lo que pareciera que lo impulsa a no beber? ¿Qué
significantes hacen ligazones para que entonces puedan estar sin consumir
alcohol? Y en estos casos, ¿son sujetos que pueden tener cierta
"demanda"? ¿Esa demanda les pertenece o estarán más bien a merced de
la demanda del Otro?
Salamonovitz concibe a la adicción como un mal anterior al síntoma, para él,
decir que la adicción no es un síntoma es decir que no es una realización de
deseo. Recordemos que este autor sitúa a las adicciones dentro de los
padecimientos del silencio, así como también la depresión, los fenómenos psicosomáticos
y las narcisopatías. En relación a ello valdría la pena preguntarnos ¿qué
ocurre con la tan "de moda” adicción al juego? O, en otros términos,
"la ludopatía" que ha sido clasificada por los psiquiatras dentro de
las adicciones ''naturales''.
Para este libro, Mario Alquicira toma las aportaciones que Alejandro Salamonovitz
y Néstor Braunstein han trabajado anteriormente en relación al tema, en donde
éste último divide el significante en las raíces “a” y “dicción” obteniendo la
significación “sin palabra”; de ahí que este fenómeno pueda ser pensado como
ausencia de palabra. A-dicción significa taponear la palabra con un fármaco,
definiendo el síntoma como portador de una palabra que intenta ser dicha,
entonces, de acuerdo con esta lectura, las enfermedades del silencio no son
vehículo de palabra, sino silencio de la carne sufriente, herida abierta.
El autor de nuestro libro planteará que la instancia psíquica del yo es como un
odre yoico, un contenedor por el que se desborda el líquido, una jarra rota que
insiste en llenarse, una fractura, una falla geológica que se forma cuando las
fuerzas superan las resistencias, entonces el adicto, al no contar con un
dispositivo capaz de detectar o amortiguar los estímulos en su aparato psíquico,
recurre a la droga, misma que cumpliría una función anestésica, creando una
“cancelación tóxica” del dolor, como lo menciona Le Poulichet. Siendo
paradójico que la sustancia a su vez sea una “solución al desbordamiento del
yo” y a su vez lo condene a la destrucción. Esta autora se referirá a la droga
con el término pharmakon, ese otro
nombre del tóxico en “La Farmacia de Platón” de Derrida, que significa al mismo
tiempo remedio y veneno.
Entonces, esta falla geológica de la que habla nuestro autor, ¿podría ser
producto de una vivencia traumática sólo en la primera infancia o un sujeto sin
una falla en esta inscripción temprana podría volverse adicto? Es decir, ¿qué
no hay momentos de la vida en que por más amarres en el psiquismo del sujeto,
las situaciones de lo real se imponen?
Al ser planteadas las adicciones en este libro como anteriores al síntoma, y
como parte de un trastorno en las funciones yoicas, el autor señala este tipo
de casos como “consulta sin demanda” y es que si bien es cierto que la mayoría
de las veces los adictos no acuden voluntariamente, en muchas ocasiones quien
tiene la demanda es un familiar, por ello a su vez el planteamiento de nuestro
libro va apuntado también en relación a crear la demanda en el paciente, crear
un síntoma con el cual el sujeto se sienta implicado.
Y es que, ¿cómo trabajar con un sujeto que no puede hacerse responsable de lo
que le ocurre o con un sujeto que ya tiene daños neurológicos por el tiempo y
la sustancia que ha consumido? Además, que entre otras cosas este tipo de
pacientes la mayoría de las veces acuden a consulta después de haber estado
internados en uno o varios centros de rehabilitación, en donde se les ha
"desintoxicado" y en muchas ocasiones la experiencia vivida en esos
lugares resulta ser muy perturbadora.
Entonces ¿qué ocurre en el funcionamiento psíquico del adicto que incluso
estando años “limpio”, cualquier pretexto sirve para volver a hacerlo? Si bien éste no es un libro de técnica psicoanalítica,
como lo menciona el autor, a mi parecer, es un libro que nos abre un camino
teórico en el difícil terreno de las adicciones, con la finalidad de que como
lectores interesados en el tema, no caigamos en hacer del psicoanálisis una
"verdad absoluta", "inamovible" como algunos psicoanalistas
en la historia lo han hecho.
Antes de finalizar, me gustaría citar unas palabras de Silvia Bleichmar: "Cada
uno de nosotros en su compromiso y su implicación debe darse cuenta que no es
con una actitud contemplativa como deberíamos enfrentar nuestro quehacer, que
la neutralidad , es neutralidad para no inmiscuirse en los destinos del sujeto,
para no juzgar, para no imponer, pero no es neutralidad para permanecer pasivos
ante las acechanzas de la muerte y la destrucción".
Por último, no me resta sino invitar a los colegas a transitar por sus páginas
y hacer de El adicto tiene la palabra
un buen compañero de largos viajes.
BIBLIOGRAFÍA
Barriguete,
Armando (2002), La copa nostra.
Psicodinamia de las recaídas en las adicciones, México: Diana
Domínguez
Alquicira, Mario (2012), El adicto tiene
la palabra. El fundamento metapsicológico de las adicciones, Buenos Aires:
Noveduc.
Freud,
Sigmund (1895), “Proyecto de psicología”, en Obras completas, Buenos Aires: Amorrortu, v. 1, 1994.
Paz,
Octavio (1956), El arco y la lira, México:
Fondo de Cultura Económica.
Salamonovitz,
Alejandro (1999), Del silencio a la
palabra. Reflexiones psicoanalíticas sobre la depresión, México: Círculo
Psicoanalítico Mexicano.