jueves, 20 de septiembre de 2012

Texto del Dr. Miguel Matrajt sobre "El adicto tiene la palabra"


 
 
La lectura del excelente texto de Mario Domínguez Alquicira ha sido una oportunidad para experimentar un alto placer intelectual y una ocasión para enriquecerme cognoscitivamente. Haber sido invitado como comentarista a la presentación del libro es un alto honor que agradezco muy sinceramente. El escrito de Mario abunda en virtudes y aciertos. Analizarlos todos supone extenderme mucho más allá de los límites de un comentario. Pero no puedo omitir enumerar cuando menos algunos de estos sustanciales méritos. Para empezar, hay un aspecto que siempre destaco cuando comento un escrito: la claridad expositiva. Ello implica un alto grado de honestidad intelectual, propia del investigador serio que no teme decir lo que piensa, y, por consiguiente, exponerse a la interpelación y la crítica de sus pares. Mario es transparente en la especificación de sus puntos de vista y sus teorizaciones, en forma tal que abre, desde el primer párrafo, un espacio para la discusión conceptual.

En segundo término, el autor hace gala de una erudición que provoca, en este comentarista, una mezcla de envidia y admiración. ¿Cómo hizo para leer tanto? Y no sólo hay una aproximación casi enciclopédica al tema, sino un análisis meticuloso y muy objetivo de la posición de los autores citados. Más allá de lo que todo lector, este comentarista incluido, debe reconocer como aprendizaje a partir de su lectura, este libro nace ya como un hito indispensable para quien aborde el tema de las adicciones, y el texto deviene, desde su misma publicación, en una fuente de consulta ineludible.

En tercer lugar, rigor expositivo no significa distancia emocional ni enumeración aburrida. Mario Domínguez se involucra con su texto y lo escribe con pasión, denotando su amor por el tema. El lector es a su vez involucrado, apasionándose, junto con el autor, tanto por el tema como en la discusión de las aproximaciones teóricas al mismo.

En cuarto lugar, Mario exhibe un profundo conocimiento de muchas teorías psicoanalíticas, que sintetiza con objetividad, y a partir de ese conocimiento realiza una concienzuda diferenciación crítica de sus aportes a este tema. Nuestro autor nos ilumina acerca de la aproximación de muchos otros puntos centrales: la adicción como síntoma o estructura, las vivencias del adicto, los posibles momentos evolutivos a las cuales se relaciona, etcétera.

Como todo libro importante, este texto abre las puertas al disenso y la polémica. Sólo mencionaré dos temas. En mi modesta opinión el punto más discutible del texto es la aproximación a la biología y a los posibles puentes conceptuales entre las neurociencias y los psicoanálisis. El autor se mete en tres carriles. Por momentos asume una  postura pedagógica, como para lectores totalmente legos, procurando explicar las bases más elementales de la neurofisiología. De allí pasa a referirse, haciendo una discutible selección pro psicoanalítica, a las neurociencias contemporáneas, de las cuales sólo cita a Kandel. Pero en lo que más abunda es en una apología desmesurada a los aportes de Freud en este terreno. Es así que, para Mario, el fundador del psicoanálisis es también el gran pionero de las neurociencias y la psicofarmacología de nuestros días. Creo que Freud no necesita que le colguemos medallas para las que no hizo méritos, alcanza con las que ganó en buena ley. En todo caso podemos omitir todo este párrafo, ya que es éste un aspecto totalmente secundario en el libro.

Si bien el autor concede que hay varios psicoanálisis, en general se refiere “al psicoanálisis” como si fuera una estructura unívoca. En la página 16 aparece en plural, y en la página 241 se pregunta “de cuál psicoanálisis se habla”. Respeto, aunque no lo comparta, el que Mario ha elegido. Creo, sin embargo, que se impone subrayar algunas precisiones. El lacanismo, como la mayoría de los psicoanálisis, parte de una ontología cuyo antecedente más preclaro es Platón. El filósofo griego, así como una miríada de pensadores a lo largo de veinticinco siglos, propone un ser-en-la-falta y un ser-en-la-repetición. Esta concepción del ser supone una esencia universal, quizás eterna, totalmente a-histórica y a-social. Por consiguiente, esta universalidad absoluta de lo humano, autoriza a los pensadores a considerar que sus especulaciones penetraron en esa “esencia”, dilucidaron alguna faceta de la misma, y, por ende, las conclusiones son válidas para todos los que pertenecemos a esta especie. Una estructura básica que se constituya con esta independencia de espacio y tiempo sólo puede tener dos orígenes: natural, esto es biológico, o divino. Aunque el propósito de Mario no es discutir su propuesta psicoanalítica y, por ende, el propósito de este comentarista no es centrarse en la misma, ésta empapa y atraviesa toda su aproximación al tema. Retomaremos el punto más adelante.

¿Cuál es el propósito del autor? Hay varios. En la página 17 señala la intención “…de confrontar el psicoanálisis y la adictología”. Pero el objetivo central se señala desde el mismo subtítulo: el fundamento metapsicológico de las adicciones. Mario, como cualquier investigador, tiene derecho a hacer el recorte de la realidad que le parezca más pertinente, en este caso los y su psicoanálisis. Y asumir las consecuencias en términos de lo que explica y lo que omite. Cualquiera que sea el acotamiento que un investigador haga, suele estar más centrado en la disciplina que maneja. Y acá viene una segunda precisión epistemológica: cada investigador tiene derecho a incluir o descartar los aportes de otras disciplinas para formalizar su propuesta intradisciplinaria, con idénticas consecuencias a las anteriormente señaladas. En un extremo están los psicoanalistas que desprecian cualquier conocimiento que no parta de su propia disciplina, frecuentemente que no parta de sus autores preferidos, deviniendo la aproximación en un fundamentalismo. En la modesta opinión de este comentarista, una propuesta metapsicológica para las adicciones debe tomar en consideración las siguientes características del fenómeno:

1)      A diferencia del “acto fallido” o del “sueño”, que aunque objetos de estudio empíricos son definidos desde los psicoanálisis, “droga”, “adicción”, “adicto” son nociones populares ajenas a nuestra disciplina. Una explicación psicoanalítica para un fenómeno ambiguamente definido constituye una osadía epistemológica, que se puede obviar con una definición operacional planteada desde los psicoanálisis.

2)      Las “drogas” son moléculas químicamente muy diferentes; ergo, incluirlas a todas en una categoría común exige traspasar los usos populares del vocablo y construir una definición operacional que justifique tal inclusión. No encuentro ningún motivo científico para subsumirlas en una única categoría. Ninguno de los autores mencionados las estudia a todas, ni siquiera a las más prevalentes, pero se considera autorizado para hablar de la totalidad, como si fuera un conjunto conceptualmente delimitado.

3)      Las drogas van a receptores neuronales totalmente diferentes y producen efectos citológicos, neurofisiológicos y psicológicos tan abundantes como disímiles. En el texto observamos con frecuencia que tanto el autor como los colegas citados reducen los efectos a uno o dos (paginas 33, 34, 43, 51, 60, 61, 76, 191) sin fundamentarlo ni clínica ni neurofisiológicamente. Hace excepción, cuando menos a nivel de propósitos, Olievenstein (página 54, aunque se contradice en la 58). ¿Es posible postular que expresiones vivenciales tan dispares se correspondan con un repertorio muy reducido de mecanismos inconscientes?

4)      Las adicciones, a diferencia de otras psicopatologías, pueden y suelen ser propositivamente producidas, como bien lo saben los cárteles y las industrias farmacéutica y de bebidas alcohólicas. Es éste un fenómeno muy singular del cual debemos extraer conclusiones psicopatológicas. ¿Cómo se enlaza esta producción manipulada de adicción con las estructuras inconscientes?

5)      Las adicciones, a diferencia de otras psicopatologías, pueden ser producidas experimentalmente en animales de laboratorio. Idem anterior.

6)      Los adictos, cualesquiera sea su definición, no se distribuyen por igual en todas las culturas sociales (países, clases, etnias, religiones, etcétera). Todas las investigaciones socioepidemiológicas, incluyendo, modestamente, las realizadas por este comentarista, demuestran indudablemente la existencia de correlaciones estrechas entre estructura social y adicción. ¿Cómo se integra teóricamente esta distribución heterogénea con supuestas predisposiciones inconscientes?

7)      En el libro se habla de curación, y en la propuesta del autor está implícito que apunta a ella. Obviamente hay muchas definiciones de curación. Las que utilizan los organismos internacionales han sido elaboradas por equipos que incluyeron a psicoanalistas, y aunque podamos discutirlas (de hecho, yo las discuto) es menester no descartarlas con liviandad sino tomarlas en cuenta seriamente. El autor de este comentario, si bien ha sido durante años experto externo de tres agencias de Naciones Unidas, incluyendo la específica para el control de “abuso” de drogas, no ha participado en esos comités. Los psicoanalistas citados en este libro no calificarían para ninguno de esos criterios de curación. Esta limitación, sumada al hecho que los organismos internacionales han validado como equivalentes en su eficacia a tratamientos realizados con aproximaciones teóricas muy dispares, cuando no antagónicas, nos obligan a repensar nuestras certezas intradisciplinarias.

8)      Podemos construir un paradigma exclusivamente intradisciplinario, como hacen la casi totalidad de autores citados, aunque admitan discursivamente la pluricausalidad del fenómeno. Es la línea de Le Poulichet, de la cual “se nutre” la de Mario (páginas 68, 69, 73, 145). En la opinión de este comentarista, nuestro paradigma se enriquece y nuestro alcance en salud mental se expande si erigimos una estructura auténticamente interdisciplinaria, para lo cual, en lo personal, recurro a la epistemología de los sistemas complejos.

 

Mario me ha hecho el enorme honor de citarme entre los autores que analiza (paginas 63 a 66). Por consiguiente, los interrogantes y críticas que voy a enunciar a continuación constituyen también una autocrítica a lo expuesto por mí en escritos anteriores. Cometo la osadía de formularlos porque la altura de Mario Domínguez como investigador promete un diálogo interesante y la oportunidad, para este comentarista, de aprender.

Se confunde sistemáticamente incidencia con prevalencia. La primera se refiere a la psicopatología de las personas que acuden a algún consultorio o centro de salud. Estos son los únicos datos que figuran en este libro. La prevalencia, en cambio, es el estudio de la distribución de esa psicopatología in situ en una muestra representativa de la población. O sea que el investigador acude al territorio a estudiar y determina en ese espacio cuántas personas padecen ese trastorno y con qué otros fenómenos se correlaciona. En el campo de la salud mental sólo se toman en consideración los estudios de prevalencia, ya que se ha demostrado que la gente acude a los servicios por múltiples motivaciones, siendo mucho más central la difusión de la oferta de los mismos que la existencia del trastorno. Basar los datos de la “realidad” de los adictos en los casos que han acudido a los consultorios y/o centros de atención de los psicoanalistas está viciado desde el principio, no autorizando a sacar conclusiones más allá de los pacientes atendidos. Para muestra basta un botón: en el escrito que comentamos no se mencionan dos de las adicciones más numerosas. Nos referimos a los solventes orgánicos (la más prevalente entre los púberes y adolescentes pobres del mundo occidental) y a los psicofármacos, la más numerosa en nuestro país. Obviamente los primeros no acuden a la consulta psicoanalítica por su misma marginación socioeconómica, y los segundos por pertenecer a lo que A. Harendt denominó “normopatía”. Esta posición de que lo que lo que no veo no existe, y que si existiese tiene que ser idéntico a lo que vi, porque todos los seres humanos compartimos una “esencia” a-histórica y a-social, no satisface ningún criterio de cientificidad. Los psicoanalistas tuvimos, a lo largo de estos casi 120 años, la posibilidad de organizar investigaciones de campo longitudinales a poblaciones representativas, y poder extraer, así, conclusiones verificables que trasciendan las meras especulaciones. Es tema de otro escrito analizar por qué no lo hicimos.

Pero suponiendo, sin conceder, que las especulaciones metapsicológicas fundadas en una universalidad de semejanzas entre adictos fuesen ciertas, esto nos abre otro interrogante teórico. ¿Estamos hablando, a la manera de las series complementarias, de una estructura disposicional (en el sentido freudiano) y los demás elementos que constituyen el sistema causal de la adicción fuesen constituyentes de la tercer serie? Además de Freud siguen esta línea Lacan (página 38), Fenichel (página 39), Kalina (página 151) y muchos más de los autores citados en este texto. Esta hipótesis, que el mismo Mario cuestiona, choca contra todos los hallazgos indiscutibles de otras disciplinas, señalados en párrafos anteriores. Y, lo que es peor, significa darle a las especulaciones un peso específico mucho mayor que a los hallazgos científicamente probados. O, por el contrario, ¿estamos planteando que los factores externos tienen capacidad para producir, por sí mismos, una estructura metapsicológica? Una afirmación así exigiría profundos replanteos a la ontología platoniana y a las líneas de pensamiento hegemónicas que sostienen que lo esencial de la subjetividad se estructura en la primera infancia.

Ex profeso comencé por plantear mis reservas al conjunto de los psicoanalistas (incluyéndome, por supuesto) para aterrizar nuevamente en el libro que nos ocupa. Sería injusto y desmesurado pedirle a Mario Domínguez que haya hecho una investigación de campo suficientemente representativa para hablar de “el adicto”. O sea, lo que los demás no hicimos en más de un siglo de existencia de los psicoanálisis. Lo que creo que podemos y debemos es reflexionar juntos sobre la extensión y validez de las conclusiones que sacamos. Mario va construyendo un paradigma metapsicológico con singular claridad. Deliberadamente no lo cito porque es más importante leer el libro que este comentario. El autor formula su paradigma cimentado en una portentosa búsqueda bibliográfica, fundado en un profundo conocimiento de muchas teorías psicoanalíticas e inspirado en un afán de hacer propuestas novedosas. Su paradigma explicativo incluye una línea terapéutica, fundada en los procesos de simbolización, procesos que estudia con detalle. Plantea una diferenciación entre una explicación hermenéutica y una energética, inclinándose por la segunda. ¡Mis respetos! Lo que no comparto es la reivindicación de universalidad para sus descubrimientos. Lo que Mario halló (así como los autores citados que comparten una aproximación parecida) en sus pesquisas y psicoterapias, si coincidiéramos, sólo es válido para esos pacientes. Y eso no es poca cosa, por consiguiente no lo critico, sólo lo delimito. Es un excelente punto de partida para la discusión y la reflexión.
Poco tiempo antes de morir Beethoven recibe el encargo (y un anticipo monetario) de la Sociedad Filarmónica de Londres para componer una décima sinfonía. Obviamente eso no significaba que a las nueve precedentes les faltase algo o que estuvieran mal, sino, por el contrario, significaba un reconocimiento a la colosal capacidad creadora del músico alemán. Toda proporción guardada, me permito invitar a Mario, por iguales razones que tuvieron entonces los filarmónicos ingleses, a seguir escribiendo y de tal forma enriquecer nuestros conocimientos y nuestra forma de pensar.

***
 
[Texto escrito por el Dr. Miguel Matrajt a propósito de la presentación de El adicto tiene la palabra. El fundamento metapsicológico de las adicciones, Círculo Psicoanalítico Mexicano, Cuernavaca, Morelos, septiembre 21 de 2012.] http://subjetividadycultura.org.mx/2012/11/el-fundamento-metapsicologico-de-las-adicciones/

martes, 4 de septiembre de 2012

Cine Debate de la Asociación Psicoanalítica Mexicana



                                                    La Sede Sur del 
   Instituto de Psicoanálisis de
 LA Asociación Psicoanalítica Mexicana, A. C. 
     le invita Este 30 de mayo a su
tardE DE Cine  Debate con:
 
 
 

 
 

YO, PIERRE RIVIÈRE (Moi Pierre Rivière ayant egorgé ma mere, ma soeur et mon frere, Francia, 1976) de René Allio, con Claude Hebert, Jacqueline Milliere, Joseph Leportier. 125 minutos. Basándode en la Memoria de un campesino, escritas para explicar el asesinato de su propia familia, Allio, con cruento realismo, va más allá de lo particular para plasmar un vigoroso cuadro de la condición campesina en la Francia del siglo XIX.
Comenta:
Mario Alberto Domínguez Alquicira


Lugar: Sede Sur del Instituto de  APM.
Dirección: Miguel Ocaranza #169, esquina con Barranca del Muerto.
Hora: 17:00
Cooperación: $60
Teléfono: 5680 1082
Email: sedesurapm@gmail.com

miércoles, 22 de agosto de 2012

IV Congreso Internacional de Enfermería

IV Congreso Internacional de Enfermería

"Las nuevas tendencias de la enfermería en el siglo XXI"

Conferencia "Salud mental e investigación en adicciones"
 
Dr. Mario Domínguez Alquicira
 
Mazatlán, Sinaloa
 
Sábado 3 de noviembre de 2012

12:20 horas
 
 
 

jueves, 16 de agosto de 2012

Congreso sobre la Transferencia en Psicoanálisis



Carta Psicoanalítica y la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro

invitan al:

Congreso sobre la Transferencia en Psicoanálisis

28 y 29 de septiembre de 2012



 
 

SÁBADO 29 DE SEPTIEMBRE 10:00 HORAS

MESA REDONDA “A PROPÓSITO DE LA TRANSFERENCIA EN PSICOANALISIS”

"¿UNA CLÍNICA SIN TRANSFERENCIA?"

Mario Domínguez Alquicira

 

Congreso sobre la transferencia en psicoanálisis

Por Claudia Bernal [1]
 
El Congreso sobre la Transferencia en Psicoanálisis se llevó a cabo en la Ciudad de Querétaro del 28 al 30 de septiembre, y fue organizado por la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro y Carta Psicoanalítica.
Entre los ponentes en la mesa redonda "A propósito de la Transferencia en Psicoanálisis", se contó con la presencia de los psicoanalistas Griselda Sánchez, Julio Ortega Bobadilla, Luis Tamayo Pérez, Modesto Garrido, Felipe Flores Morelos y Susana Rodríguez Márquez. Durante el primer día del evento el Lic. Daniel Álvarez del Castillo, alumno de nuestra Facultad, presentó un caso clínico en torno al tema en cuestión.
Durante el segundo día tuvieron su participación Mario Domínguez Alquicira, José Ramiro Ortega Pérez, Alfredo Valencia Mejía, Yanid Pérez, Laura Ramírez, José Jaime Paulín L. y, a través de Skype, una conferencia a cargo de José Tappan Merino. El caso clínico de ese día corrió a cargo de Daniela González Guzzi de la Universidad de Veracruz.
Desde diversas panorámicas, pero con una apertura al trabajo de cada uno de los ponentes, el encuentro permitió a psicoanalistas y alumnos en formación trabajar este tema. En una intervención en el Congreso, la Dra. Susana Rodríguez Márquez puntualiza la realización de diversos espacios donde se abordan temas sobre psicoanálisis en nuestro país. La realización de este Congreso abrió la posibilidad de seguir trabajando en este tema dado el interés que generó en los asistentes al mismo.
Se realizó la clausura el día 30, con un espacio dedicado a las dudas que surgieron durante el desarrollo del Congreso.
 
Nota
 
[1] Bernal, Claudia, "Congreso sobre la transferencia en psicoanálisis" en Sui Generis. Revista oficial de la UANL a través de la Facultad de Psicología, octubre-noviembre 2012, Año IV, número 21, pp. 21 y 22.


martes, 14 de agosto de 2012

Presentación del libro "El adicto tiene la palabra" en Buenos Aires, Argentina


Noveduc invita a la presentación del libro:

El adicto tiene la palabra.
 El fundamento metapsicológico de las adicciones

Se referirán a la obra: Lic. Sara Kezerov, Lic. Marcelo Hekier
Con la participación del autor Mario Domínguez Alquicira

Martes 20 de noviembre de 2012, 14:00 horas

Centro de Salud Mental Nº 3 ¨Dr. Arturo Ameghino¨ (Avda. Córdoba 3120 - Capital Federal).


Texto de Sara Kezerov sobre El adicto tiene la palabra

 
Ante todo, se trata hoy de dar la bienvenida a nuestra institución —el Centro de Salud Mental No 3 "Dr. Arturo Ameghino"— a un colega de México: Mario Domínguez Alquicira, quien nos ha honrado con la posibilidad de presentar y dar a conocer su obra, el libro El adicto tiene la palabra. El fundamento metapsicológico de las adicciones.

El libro es, primero, un exhaustivo trabajo de investigación que habla de un proceso en el cual se ha recabado una extensa bibliografía acerca del estado del arte en el tema de las adicciones, a la fecha. Un minucioso recorrido que comienza por Freud, siguiendo por autores psicoanalíticos y también por aquellos de la psiquiatría, la literatura, la filosofía, transmitiendo una vasta experiencia de lectura del autor. Por ello, éste es un libro necesario.

Mario plantea una decisiva diferencia entre lo que llama “hermenéutica psicoanalítica”, reduccionismo que —al decir del autor— explica los síntomas por las fijaciones orales, complejos de castración y edipos inconclusos, y la “energética freudiana”. Es en ella donde podremos ubicar, cito al autor “… el fundamento metapsicológico de las adicciones, el cual debe encontrarse en el modelo económico-energético en contraposición a la explicación tópica y dinámica que las corrientes dominantes en psicoanálisis han desarrollado”. Existe entonces un fundamento de las adicciones, centrado esencialmente en la dimensión económica del aparato psíquico. Aquí, el libro es riguroso y fiel a la raigambre freudiana.

El propósito del autor es subrayar la necesidad de superar la contraposición entre la adictología, o la ideología adictiva y el psicoanálisis instando a reconocer sus respectivas limitaciones y sus complementariedades. Se tratará entonces de confrontar estos discursos, a fin de verificar la validez epistemológica de uno y otro. En esto radica el aporte novedoso de su investigación y donde el libro, podríamos decir, es original.

Respecto de la temática que aborda el texto, el libro es audaz. El tema del que se ocupa no es uno más. Se ubica en el centro del debate sobre el consumo que la época prefija. Época donde esta técnica de goce por excelencia aplasta al sujeto con una demanda compulsiva aboliendo la dimensión del deseo.

Demanda compulsiva que instala objetos que muestran al sujeto aquello de lo que está privado, en lugar de ser la privación la que lo conduzca al objeto. Hoy triunfan las góndolas, no las de “Venecia sin ti”, sino las de los supermercados. La cultura de nuestro tiempo se inclina cada vez más por el consumo y menos por los temas de la polis, por la discusión de los tópicos que nos hacen ciudadanos. La cultura de hoy, inmersa en el Discurso Capitalista, exige el consumo.

El encuentro del psicoanálisis con el tóxico no es sencillo y éste ocupa un lugar marginal en la teoría psicoanalítica. Por eso siempre es bueno celebrar la aparición de un libro sobre el tema, en el momento en que el tóxico parece ser la única y definitiva respuesta cuando van cayendo las mediaciones culturales.

El psicoanálisis se ocupa de lo marginal, y creo que debe hacerlo, por eso tal vez la toxicomanía no sea cualquier ocasión para la apuesta del psicoanálisis hoy. ¿Cuáles son los verdaderos desafíos del psicoanálisis en la época? La toxicomanía seguro se encuentra entre ellos, hay una tendencia tóxica general, es un observable y el psicoanálisis la desafía a su manera no retrocediendo ante ella. Puestas así las cosas, el encuentro promete.

El texto que nos convoca lleva como título un oxímoron, leído a la letra: El adicto tiene la palabra, título que introduce la dimensión paradojal que atraviesa al sujeto intoxicado. Si hay algo que el adicto no tiene, de lo que no dispone, es de la palabra. Está respecto de ella en una relación de exclusión y ésta es su marca. La a-dicción lo arroja a un mundo sin la mediación y la separación que el decir supone.

El espacio que el adicto habita se encuentra bajo la tiranía de la sustancia, que impone su tempo por encima de cualquier otra demanda que lo alcance, si es que ésta lo alcanza. Esta primacía del tóxico, que insiste en los dichos de los pacientes, revela que la palabra no se muestra del todo eficaz con la sustancia y es incompatible con las asociaciones en un análisis.

Si la vía de la palabra no es eficaz, estamos ante lo que William Burroughs describe en El almuerzo desnudo, como “álgebra de la necesidad”. Dice Burroughs: “La droga produce una fórmula de virus maligno: El álgebra de la necesidad. El rostro del mal es siempre el rostro de la necesidad total. El drogadicto es un hombre con una necesidad absoluta de droga. A partir de cierta frecuencia, la necesidad no conoce límite ni control alguno. Con palabras de necesidad total: ¿estás dispuesto? Si, lo estás. Estás dispuesto a mentir, a engañar, a denunciar a tus amigos, a robar, a hacer lo que sea para satisfacer esa necesidad total”.

Esta álgebra es la dimensión tóxica de la palabra, que implica que ésta no promete mucho y por lo tanto hablar no es importante. El adicto se sorprende de que alguien le preste tanta atención a las palabras. Bastante con que ha llegado a la entrevista, además ¿hay que hablar?

En su dimensión tóxica, la palabra remite a la relación que el sujeto establece con una palabra que no es la destinataria de un saber que resulte de ella. Una palabra que no permite la suposición de saber no tolera la espera. El sujeto no logra ausentarse en lo que dice y reclama del analista una palabra bajo la forma de una receta, un certificado de asistencia o una indicación precisa que actúe sobre el tóxico. Así, el tiempo de espera es una dimensión arrasada por el recurso al tóxico.

Es en este sentido que Alquicira, contra todo intento clasificatorio psicopatologizante, define a las adicciones como “un trastorno del lenguaje, lo cual implica entender que hay un trastorno de la relación primaria con el Otro. Las adicciones suplen el desfallecimiento del Otro…; suplen sin cesar la claudicación, la insuficiencia de una instancia simbólica. Estrictamente hablando, en la droga no hay Otro… ésta evoluciona hacia la destrucción del lenguaje”.

No hay concesiones a la realidad. Ésta exige tolerar un mínimo de frustración y displacer. El pharmakon implica no resignarse a rodeos incómodos para alcanzar los fines y, así, prescinde del Otro. De ahí que la adicción aparezca como respuesta ante la imposibilidad de recorrer los caminos del significante.

¿Qué clínica tiene lugar cuando el análisis que apuesta a una palabra por venir se topa con el tóxico que tiende a anular la mediación de las palabras tanto en la intoxicación como en la abstinencia? Responde Mario haciendo suyas las palabras de Le Poulichet cuando plantea “reinventar el dispositivo analítico para dar lugar a un campo nuevo, a saber: el de una clínica psicoanalítica de las adicciones, que tendría lugar sólo a partir de la instauración de una escena cuyo resorte fundamental sería el establecimiento de una relación transferencial…”. Realizar un trabajo con la demanda creando un síntoma que se define por su articulación al lenguaje. Se trataría de enfermar al adicto, volverlo sintomático, volverlo sujeto del lenguaje. Para lo cual, al decir de Hugo Freda, se trataría de hacerlo amar la palabra.

Finalmente, el libro de Mario pone en juego la apuesta clínica que resulta de estas consideraciones: hay sujeto, aún en el acto de drogarse, sujeto que tiene la palabra para poder tomarla. El título del libro deviene así, el nombre de una apuesta clínica y en esto el libro del colega es imprescindible.

lunes, 13 de agosto de 2012

Conferencia "El adicto tiene la palabra" en el Colegio de Psicólogos de Mar del Plata

Noveduc Libros y el Colegio de Psicólogos de Mar del Plata invitan a la conferencia:

"El adicto tiene la palabra"

dictada por Mario Domínguez Alquicira

Miércoles 21 de noviembre de 2012

a las 20:00 horas

Colegio de Psicólogos de Mar del Plata.

Neuquén 2235, Mar del Plata, Argentina.



miércoles, 8 de agosto de 2012

VII CONGRESO INTERNACIONAL DE PSICOLOGÍA

Conferencia "El sexo es la verdadera droga"
dictada por el Dr. Mario Domínguez Alquicira
en el marco del
VII Congreso Internacional de Psicología
"Psicosexualidad: El impacto psicológico social actual"
Mazatlán, Sinaloa
Viernes 2 de noviembre de 2012
12:40 horas