miércoles, 26 de octubre de 2011

TERCER FORO SOBRE TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA Y SEGUNDO COLOQUIO SOBRE NUEVAS LOCURAS



Con gran éxito se realizó el Tercer Foro sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria y el Segundo Coloquio sobre Nuevas Locuras los pasados 25 y 26 de noviembre, organizados por la Fundación Mexicana contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria,  Ellen West en conjunto con el Senado de la República y la Universidad La Salle. En dicho foro se impartieron pláticas y mesas en las que se habló de diversos aspectos relacionados con los trastornos de  la alimentación como son la Anorexia, la Bulimia y el trastorno por atracón.
Asimismo, se contó con la  presencia de importantes especialistas nacionales e  internacionales como el psicoanalista Marcelo Hekier, Jefe del Servicio Bulimia y Anorexia del Centro de Salud Mental N° 3 “Arturo Ameghino”, dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y autor del libro “Anorexia – Bulimia: Deseo de nada”, quienes en conjunto establecieron temas de interés para los asistentes. Por otro lado, miembros del Círculo Psicoanalítico Mexicano y de la revista digital Carta Psicoanalítica también fueron piezas clave de este foro, estableciendo mesas en donde se tocaron temas como “El adolecente y su goce: adicción o depresión” y “Adicciones-Anorexia-Bulimia: Patologías del Acto”, en las cuales se estableció un diálogo directo con el público asistente, contestando preguntas y dudas acerca de los trastornos de la alimentación.
Al ser un evento organizado en conjunto con el Senado de la República, se contó con la importante participación del Senador Guillermo Tamborrel Suárez, presidente de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables, el cual participó en la Mesa Magistral del foro en donde se habló de los avances en materia legislativa y política de salud en trastornos de la conducta alimentaria.


miércoles, 17 de agosto de 2011

Ética del psicoanálisis

 
 
 
Diálogos desde la Filosofía

Blanca Edith Jácome [1]
 
Psicología y Filosofía

 

Una vez más, Julio Ortega ha promovido una conferencia interesante como extensión de los trabajos académicos llevados con sus alumnos: “Ética del psicoanálisis”, a cargo de Luis Tamayo Pérez.

El pasado 8 de octubre tuvimos oportunidad de escucharlo, miembro de la Sociedad Filosófica Mexicana, analista de la École Lacanniène y director académico de CIDHEM.

Mario Domínguez Alquicira fue el comentarista de este tema que ha llamado el interés de la reflexión filosófica. Su colaboración redondea el esfuerzo de la revista Carta Psicoanalítica que, inclusive, fue decisivo para la realización de este evento.
 
 
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Nota
[1] Jácome, Blanca Edith, "Diálogos desde la filosofía", en El Universo. El Periódico de los Universitarios, año 4, núm. 155, Universidad Veracruzana / Dirección de Comunicación Social / Departamento de Prensa, Xalapa, Veracruz, México, octubre 11 de 2004.

miércoles, 29 de junio de 2011

Durante la ceremonia del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, en la residencia oficial de Los Pinos

El presidente consideró absurdo que la Encuesta Nacional de Adicciones se realice cada seis años, cuando se requiere contar con información reciente. Presumió que su gobierno ha invertido casi 5 mil millones de pesos en la lucha contra las adicciones.

En la conmemoración del Día de la Lucha contra el Uso Indebido de Drogas, en Los Pinos el lunes 27 de junio de 2011.

lunes, 23 de mayo de 2011

Libertad en el psicoanálisis

Pablo España
María Elena Rivera

Entre los extranjeros que tuvieron que dejar atrás su tierra y aportaron muchas cosas a México se cuenta al doctor Pablo España, miembro destacado del Círculo Psicoanalítico Mexicano, quien falleció el 25 de enero de 2007.

            Su llegada a México fue similar a la de muchos españoles que huyeron de la dictadura franquista: siendo un niño, con su familia atravesó a pie la cordillera de los Pirineos para llegar a Francia, donde permaneció por un tiempo en un campo de concentración para refugiados republicanos. Posteriormente pudo trasladarse a la República Dominicana, donde vivió en condiciones precarias, situación que lo trajo al país donde decidió naturalizarse mexicano y donde definió su vocación de psicoanalista.

            “A él le estuvo destinado un lugar privilegiado en la historia del movimiento psicoanalítico nacional”, afirma Mario Alquicira, coautor de varios trabajos con Pablo España y de cuya semblanza sobre este último hemos tomado diversos datos.

            En efecto, Pablo España formó parte del Círculo Psicoanalítico Mexicano (CPM) casi desde sus inicios, donde fue codirector del área clínica y director del Cine Club Debate a lo largo de 14 años. El Círculo fue instaurado en 1971 por Armando Suárez, Raúl Páramo y Jaime Cardeña, bajo la influencia teórica de Igor Caruso, quien realizó parte de su preparación psicoanalítica con August Aichhorn, colaborador directo de Sigmund Freud.

            Afiliado a la Federación Internacional de Círculos de Psicología Profunda, ese primer CPM se encontraba bajo la orientación psicológico-social carusiana. Entre los lineamientos de la federación destacaba “el mínimo común divisor”, que incluía “una técnica psicoanalítica clásica (de corte freudiano) y una apertura a todas las cuestiones de tipo social”, por lo que no sólo se estudiaban los textos de Caruso sino también se abrió la discusión a las obras de Carlos Marx, Federico Engels, Wilhelm Reich, Erich Fromm, Teodoro W. Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse, estos últimos tres pertenecientes a la Escuela de Frankfurt. La producción teórica y ensayística de Pablo España, de esta manera, abarcó diversos temas relacionados con las ciencias sociales y el arte.

            En el contexto de los lineamientos de libertad organizacional que prevalecen en el CPM, Pablo España fundó el cine-club debate “El psicoanálisis y el cine”, cuyo eje ha sido la promoción del vínculo del psicoanálisis con la sociedad y la aplicación del saber psicoanalítico a otros campos del conocimiento, por lo que al final de cada función un analista, un crítico de cine o un especialista en otro arte promueven el debate entre el público.

            Acerca de la relación entre cine y psicoanálisis, Pablo España explicaba que los sueños son reflejo de los deseos o la angustia: “El cine también se ocupa de esos temas —agregaba—; en ese sentido es como un sueño dirigido. La imagen cinematográfica es más poderosa que las que pueden ofrecer el teatro y la literatura. Las imágenes en la pantalla pueden producir choques emocionales a los espectadores. No es que el cine sustituya al psicoanálisis como método de conocimiento, pero sí puede provocar una catarsis en el diván cuando ocurre el insight o sentido de la remoción”. (El Financiero, 14 de marzo de 2003).

            Asimismo, en los años setenta, parte del “mínimo común divisor” del CPM fue la acogida a un grupo importante de analistas sudamericanos que eran perseguidos por la dictadura de sus países, entre quienes se cuentan los lacanianos Néstor Braunstein y Frida Saal. De esta manera, Pablo España adquirió el conocimiento de otras escuelas para incorporarlas a su clínica; estudió psicoanálisis de niños con Silvia Bleichmar y la obra de Jacques Lacan, bajo la dirección de Armando Suárez y Tomás Segovia, el primer traductor al español de los Escritos del médico francés, quien reconstruiría la obra de Freud con base en la antropología, la lingüística y las matemáticas.

            Pablo España se mantuvo muy activo siempre, incluso durante sus últimos días, cuando dejó lista para la imprenta la reedición de su primer libro: Determinismo y libertad en el psicoanálisis, cuya aparición se dará en el transcurso de este año, y también organizó el ciclo 41 del cine club, que ahora está bajo la dirección de Mario Alquicira, su colaborador más cercano. El ciclo 42, denominado “Duelo, deuda y gratitud” estará dedicado a su fundador y tendrá lugar de abril a agosto, como siempre, los sábados, a las 18 horas, en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles.

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[Texto publicado por María Elena Rivera en El Financiero el martes 27 de marzo de 2007.]

miércoles, 18 de mayo de 2011

María Elena Rivera: Sobre Psicoanálisis y cine... (El Financiero)

Libro de Mario Alquicira y Pablo España

El cine tiene la cualidad de producir choques emocionales
María Elena Rivera

La imagen cinematográfica, dice el doctor Pablo España, está emparentada con los sueños en tanto que lo sueños son la vía regia al inconsciente, según los descubrimientos de Freud. “La imagen cinematográfica también es la mirada de los grandes directores que son capaces de reflejar el drama humano”.

Pablo España, director del cine club debate El Psicoanálisis y el Cine, celebra diez años continuos de una mirada multidisciplinaria a las grandes obras clásicas y contemporáneas de la cinematografía universal a través de psicoanalistas, directores, críticos, actores y pintores.

            Gustavo García, Busi Cortés, Daniel Gerber, José Perrés, Nelson Carro, José Luis Cuevas, Carlos Bonfil, Diana Bracho y Mario Lavista, entre otros, han analizado y comentado con el público películas de Akira Kurosawa, Elia Kazan, Woody Allen, Stanley Kubrick, Pedro Almodóvar, Arturo Ripstein, Ingmar Bergman y Alfred Hitchcock, por mencionar sólo a algunos.

            Junto con Mario Alquicira, Pablo España ha recopilado varias de las ponencias presentadas en el cine club en Psicoanálisis y cine, libro editado por el Círculo Psicoanalítico Mexicano.

            —¿Cómo surgió su interés por realizar un cine de debate?
            —El cine siempre me ha interesado porque me parece que está muy relacionado con el psicoanálisis, de acuerdo con la idea de los sueños de Freud —responde Pablo España—. Sin embargo, dado que en el cine se relacionan diversas artes, decidí que el debate debería ampliarse a otros aspectos: literatura, música, teatro; por esta razón, los ciclos de proyecciones no están limitados al enfoque psicoanalítico. Además, me parece que debe rescatarse esta forma de proyectar el cine porque propicia un acercamiento mayor a él.

—¿Cómo se explica la relación del cine con el psicoanálisis?
—Freud decía que la mente trabaja en dos modalidades: el proceso primario y el secundario. La primera sucede cuando soñamos y cuando en la clínica psicoanalítica se asocia libremente. En los sueños no existen la lógica ni la racionalidad. Como dijimos, los sueños están emparentados con las imágenes, mientras que en el proceso secundario, durante la vigilia, se intenta ordenar el caos psíquico a través de la razón y el juicio.

            Y es que, expresa Pablo España, los sueños reflejan los deseos reprimidos de las personas. “En los sueños también aparecen situaciones de angustia. Todo ello refleja la condición humana, sus carencias y sus anhelos. El cine también se ocupa de este tema; en este sentido, el cine es como un sueño dirigido, pero quizás el trabajo que más se acerca al psicoanálisis es el de corte surrealista. Ahí tenemos a Luis Buñuel, por ejemplo, el gran director español”.

—¿Cómo entiende el trabajo de Buñuel?
—Una de las características del cine de Buñuel es que trabaja mucho con el caos. Como se sabe, este director recurre a elementos surrealistas para sus películas. El surrealismo está emparentado con el proceso primario freudiano. Buñuel reconoció que había leído a Freud; entonces, en medio de un discurso coherente inserta alguna escena atemporal o incoherente. Es tan cercana la relación del cine de este autor con el psicoanálisis que el mismo Jacques Lacan —fundador de la revolucionaria corriente psicoanalítica que lleva su nombre— recomendaba a sus alumnos: si quieren conocer cómo es un paranoico, vean Él (la película que protagonizó Arturo de Córdova).

            “Buñuel es quizá el ejemplo más cercano del cine con el psicoanálisis; pero cuántos autores más no han reconocido este acercamiento. Woody Allen tiene comedias y dramas en donde el psicoanálisis es un elemento central; el absurdo de las cintas de los hermanos Coen también está relacionado”.

            —¿Qué ofrecen las imágenes al psicoanálisis?
            —La imagen cinematográfica es más poderosa que las que pueden ofrecer el teatro y la literatura, que también están relacionadas con el cine. Los recursos de su manejo no sólo ofrecen planos completos; un close-up, por ejemplo, puede reflejar el rictus de dolor de un rostro, como lo hace Bergman en varios de sus filmes. Las imágenes pueden producir un impacto interno de tal magnitud a quien las ve, que puede mover internamente sus problemas. El cine tiene la cualidad de producir choques emocionales a los espectadores. No es que el cine sustituya al psicoanálisis como método de conocimiento, pero sí puede provocar una catarsis en el diván, cuando ocurre el insight o sentido de la remoción.

            “Conozco el caso de un hombre que quedó totalmente confundido después de haber visto Rebelde sin causa, la inolvidable película que tuvo como protagonista a James Dean. Esta persona no recordaba el camino a su casa cuando salió del cine. En la película aparece un enfrentamiento con el padre, que es un sujeto débil, sin carácter. Ver esto le provocó un conflicto que lo puso en un estado confusional muy angustioso que posteriormente lo llevó al psicoanálisis”.

            “La confusión aquí puede entenderse como ‘estar fundido con’ el padre, pero de una manera muy destructiva, pues el hombre se funde con lo que le rodea y se siente angustiosamente perdido. El cine puede remover la psique de tal forma, que podría desencadenar la locura en personas fronterizas; es decir, que están con un pie en la psicosis y otro en la neurosis”.

Imágenes de Psiquis

“A partir de los años sesenta —se lee en Psicoanálisis y cine— el psicoanálisis empezó a cobrar mayor fuerza dentro del arte cinematográfico; aunque ya desde antes se dejaba ver la influencia que las teorías freudianas ejercían sobre los temas y el tratamiento de las películas. Así, el cine fue adoptando clichés hasta hacer que los tópicos psicoanalíticos quedaran plenamente integrados en las producciones fílmicas. Incesto, parricidio, fetichismo, culpa, fobia, etcétera, se habían convertido en moda […] las películas se convierten en atractivas realizaciones que ofrecen, amén de ingredientes eróticos y violentos, una nutrida avalancha de conflictos psíquicos”.

El cine club debate El Psicoanálisis y el Cine, ubicado en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, completó 29 ciclos temáticos en diciembre de 2002. En el vigesimotercero, “Lo siniestro en el cine”, Marina Lieberman, investigadora con formación psicoanalítica, comenta la cinta Corazón satánico (Angel heart), de Alan Parker. El pacto que Johnny Favourite hace con Lucifer, y del que ingenuamente pretende escapar, da lugar a la reflexión del concepto de lo siniestro en el psicoanálisis.

“Harry Angel [el detective contratado por el personaje denominado sugerentemente, Louis Cyphre, para seguir la pista a Favourite], el corazón de ángel, lleva en el nombre su marca. Es un ángel inocente, víctima de un destino irrevocable”, dice Marina Lieberman. Harry Angel es el mismo Johnny Favourite que ha asesinado no sólo a quienes se cruzan en la investigación, sino también a su propia hija, con la que cometió incesto.

Pero Harry Angel está inmerso en su propia trampa al querer romper el trato; mas no podrá salir de allí porque “hay en ella un goce maligno”, que es lo siniestro, el goce lacaniano que difiere del placer mundano. En tanto, Lucifer, amo de la situación, “goza viendo a Harry aceptar el contrato que le propone una vez más. Johnny vendió su alma al diablo, y éste se la comió como un hueso duro sin sal”, dice Lieberman acerca de un encuentro clave entre el personaje de Robert de Niro y el del sujeto en fuga, donde el primero se traga de un bocado el huevo que ha despojado de su cáscara lenta y placenteramente.

Sin embargo, el amo —el referente sine qua non del esclavo en el orden simbólico— tampoco escapa a su destino. Primero, “porque no querrá nunca dejar de ser amo y, segundo, porque sólo goza”. Lucifer disfruta del chiste cruel que Johnny se juega a sí mismo al querer engañarlo; toda la violencia desplegada en la película es la sal sazonadora del goce dialéctico que no puede existir nunca si falta alguna de las partes.

 

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[Texto publicado por María Elena Rivera en El Financiero Cultural el viernes 14 de marzo de 2003.]

lunes, 9 de mayo de 2011

Congreso Internacional de Adicciones 2008 "Nuevos Paradigmas, Nuevas Soluciones"

MESA “Tratamiento de las adicciones”
Elena Cuevas Blancas [1]



Con el propósito de presentar distintos enfoques terapéuticos, se llevó a cabo la mesa “Tratamiento de las adicciones”, moderada por el doctor Luis Solís Rojas, director de Tratamiento y Rehabilitación de Centros de Integración Juvenil.

El doctor Mario Alberto Domínguez Alquicira, Responsable de Proyectos de Desarrollo Estudiantil de la Universidad La Salle, presentó el tema “Nuevas perspectivas de una vieja disciplina: el psicoanálisis”, con la finalidad de desmitificar muchos de los pensamientos que giran en torno a éste, especialmente en el trabajo psicoanalítico con adictos.

Afirmó que en la actualidad el psicoanálisis no queda reducido a la figura de su creador, Sigmund Freud, razón por la cual no es posible pasar por alto la enorme influencia de su pensamiento y de todos sus sucesores. Precisó que el estudio científico de las adicciones y el psicoanálisis no se invalidan ni se descalifican entre sí y resaltó la importancia de reconocer que es una disciplina que ha ido cambiando a lo largo del tiempo, renovándose continuamente mediante el advenimiento de nuevos enfoques y perspectivas.

Lamentó que con frecuencia se caiga en el error de considerar que las únicas aportaciones que el psicoanálisis ha hecho al estudio de las adicciones fueron las que correspondieron a su etapa inicial. Freud se ocupó relativamente de ellas, refiriéndose sobre todo a su papel en el devenir del desarrollo psicosexual, concibiendo a la compulsión de beber como una fuente de satisfacción sexual para aquellos a quienes el valor erógeno de la zona oral se veía constitucionalmente reforzado. Puede ser considerado uno de los fundadores de la psicofarmacología, porque como científico que era ensayaba la aplicación de fármacos como cocaína y morfina en la terapéutica médica y psicoanalítica. Además, descubrió las propiedades analgésicas de la cocaína, aunque el hallazgo se le atribuyó a uno de sus colegas.

El doctor Domínguez Alquicira hizo un recorrido teórico para revisar cómo los conceptos y las nociones técnicas del psicoanálisis han ido evolucionando.

Entre los discípulos de Freud, destacó a Sandor Rado, quien subrayó la predisposición a la adicción y enunció la hipótesis de que aun en los casos de adicción en los que la droga no se ingiere por vía oral, las expresiones psíquicas del erotismo se ponen siempre de manifiesto. Dijo que el adicto era como un niño insaciable que busca en realidad el pecho para experimentar y revivir el orgasmo alimenticio.

Rado estableció las semejanzas de la manía y la melancolía en relación con los estados de intoxicación y de depresión subsecuente; la intoxicación se vincularía con la omnipotencia y la realización mágica de deseos y exaltación del yo triunfante comparable a la observada durante los estados maníacos que darían luego paso a la depresión y, en consecuencia, a una renovada necesidad de intoxicación, convirtiéndose en un proceso cíclico caracterizado por reencuentros mágicos y extravíos ulteriores, es decir, en un círculo vicioso. A esto le llamó “farmacotimia”. Entendió entonces un impulso psíquico causante de la adicción.

Además, fue el primero en señalar explícitamente —en 1933— que las drogas se empleaban como coraza contra el dolor.

Aun cuando Freud y sus primeros discípulos intentaron describir la personalidad del alcohólico, evocando esencialmente el carácter oral, primario y narcisista de esta conducta, los enfoques psicoanalíticos posteriores hicieron uso del sistema conceptual freudiano para enriquecerlo y complejizarlo cada vez más. Las teorías psicoanalíticas más actuales han podido trascender este modo de ver y abordar las adicciones, concluyó el doctor Domínguez Alquicira.

Nota

[1] Cuevas Blancas, Elena, "Mesa Tratamiento de las adicciones", en CIJ informa.   Publicación  de Centros de Integración Juvenil, A.C., año 14, núm. 45, octubre-diciembre 2008, México, pp. 100-103.