miércoles, 16 de marzo de 2016

La vida en seis cuerdas



Los otros dioses ocultos
Mario Alquicira
De Otro Tipo

Un recorrido por la vida y obra de Jarris Margalli, guitarrista mexicano que ha pasado por varias bandas, destacando Jaguares, Ninot y Mistus. Literalmente, nos narra su andar por el mundo desde el vientre materno, su temprana inclinación en la música y las vicisitudes que lo han marcado hasta nuestros días. Material necesario para conocer el difícil andar de cualquiera que se dedique a la música en nuestro país. Su paso por el mainstream y la independencia, en la pluma de Alquicira bajo la tutela del propio Jarris. Un buen repaso a una parte de la historia del rock nacional, tan necesario como escaso, visto desde sus entrañas.

David Gil Mora [1]


Nota
[1] Gil Mora, David, "La vida en seis cuerdas", en Rolling Stone, número 154, marzo de 2016, p. 57.

lunes, 14 de marzo de 2016

Rock mexicano para leer

José Xavier Návar
 
Se quejan mucho los roqueros mexicanos de la escasez de libros de rock y la verdad aparecen pocos que valen la pena y, en el ámbito del rock nacional, muchos menos que no sean inefables, como el Esclavo del rockanrol, del ya con fecha de caducidad: Alex Lora, que apareció hace 13 años, escrito por Luis Kelly, para promocionar el rocumental del cantante y, el más reciente: Que viva el rocanrol, armado a base de anécdotas y justificado por buena parte de los primeros 45 años de “Fidel Velázquez del rock azteca” que, aún muerta su madre, le sigue pidiendo que prenda la grabadora.

El Una banda nombrada Caifanes, de Xavier Velasco, publicado a finales de los 90, ha quedado como un referente obligado sobre una banda que nunca se ha preocupado por documentar formalmente su trayectoria, dejando a las disqueras en turno el trabajo de hacer las compilaciones de sus videoclips y extractos en directo de alguno de sus conciertos. No ha sido hasta ahora, con el recién aparecido volumen autobiográfico Vida y música de Alejandro Marcovich, que puede saberse algo de la banda donde manda y grita —pero no canta, más que quedito— Saúl Hernández, con el permiso de la enigmática “señora gorda de negro que dice que sabe mucho” (José Luis Pluma, dixit), mánager de la banda.

Anecdótico en otro sentido, aunque con una gran carga autobiográfica debido a su estancia en Lecumberri, es El rock de la cárcel, del maese de la onda José Agustín (aparte del básico De perfil de remembranzas fiesteras de los años 60), donde expone su pasión y gusto por el rock abanderado por los Rolling Stones, la sicodelia reinante del momento, su truncado —gracias a los críticos de cine oficialistas— paso por el cine con Cinco de chocolate y uno de fresa, las drogas y su amor platónico por Angélica María.

Mientras esperamos —leyendo los sabrosos cuentos roqueros de Tiempo transcurrido— la promesa de publicación formal en libro de los cinco textos (y conclusión) de La rebelión gandalla, de Juan Villoro, escritos originalmente para el viejo suplemento del Uno Más Uno, Jarris Margalli, sobreviviente y aferrado del rock mexicano, con tránsito por bandas como Mistus, Ninot; guitarrista algún tiempo de Jaguares y también lirero de Lagartos (con credenciales discográficas de culto como Soul y Crudo) estrena Los otros dioses ocultos (Editorial de Otro Tipo), escrito por Mario Alquicira. El libro con prólogo de Fernanda Tapia, que se presentó el año pasado en la FIL Guadalajara, inicia esta semana presentaciones, luego de buenos comentarios de Javier Martín del Campo (El Javis), de la vieja guardia y ahora renovada Revolución de Emiliano Zapata. Hay algunos —como yo— que podemos meter las manos al fuego y salir sin quemaduras, en lo que se narra en el libro de este músico fuera de serie del rock mexicano.
 
 
 

Buscan poner los reflectores al rock en México, que no acaba de cuajar


  • El libro Los otros dioses ocultos, de Mario Alquicira, propone reivindicar el género

  • Se trata de una biografía musical de Jarris Margalli, ex guitarrista del grupo Jaguares

Ana Mónica Rodríguez
 

 
Una reivindicación para el rock nacional es lo que se propone en el libro Los otros dioses ocultos: biografía musical de Jarris Margalli, ex guitarrista de Jaguares, de Mario Alquicira, quien hace un recorrido por la prolífica vida del músico y, de manera paralela, por la historia de ese género.

La obra, publicada por la editorial De Otro Tipo, busca colocar los reflectores sobre el rock, el cual no acaba de cuajar en México, pese a que en tres décadas ha tenido grandes exponentes, expresan Margalli y Alquicira en charla con La Jornada.

Se trata de hacerle justicia al rock, indica Alquicira, porque ha existido una pléyade de grupos, muchos de los cuales pasaron desapercibidos, aunque algunos dejaron testimonios fonográficos, con grandes discos grabados, pero casi no se habla de ellos.

Por eso, sostiene el autor, la finalidad de este proyecto es sacar a esos músicos y agrupaciones de las penumbras y ponerlos de nuevo ante los reflectores.

Lo esencial, retoma Margalli, “es despertar a un pueblo que requiere de esa fuerza que tiene el rocanrol, porque somos defensores de este género y queremos que haya más bibliografía y además sea escuchada en todos lados. Por ejemplo, con el alto volumen en un automóvil, con las guitarras distorsionadas o con una letra que describa lo que preocupa a México.

“Porque –prosigue el guitarrista– si el rock mexicano no está conectado con el entorno o con una situación en particular no se hace rock en un país ávido de este género.”

Lo cierto, manifiesta Margalli, “es que estamos muy cansados –artistas, músicos e intelectuales– de que vengan los Rolling Stones o Pink Floyd –aunque también los amo– y arrasen, mientras los grupos musicales nacionales siguen en el menosprecio y el olvido gracias al mecanismo monstruoso que da presencia a las grandes bandas del rock extranjeras, lo cual es un desprestigio para este género en el país”.

Por un rock hecho en México

El historiador Fernando Ramírez expresa: “Estoy convencido de que existe un rock nacional pese a todas sus carencias, dificultades y a la tremenda ideología que denota que todo parece venir de fuera.

Las estaciones de radio están plagadas de rock en inglés, lo cual no está mal, sin embargo nuestra identidad mexicana debe refrendarse con el rock hecho en México.

Además, una de las grandes tragedias de este género musical es que los chicos, para ser compositores, necesitan mantener el hábito de la lectura y no lo hacen, deplora.

El libro Los otros dioses ocultos se hizo realidad luego de ganar la convocatoria Se busca escritor, lanzada por el sello De Otro Tipo para encontrar nuevos talentos, con el cual se inaugura la colección Biografía, no ficción, explica el editor Walter Jay.

Queremos que se empiece a reconocer el trabajo y el talento de los mexicanos, que sea un ejemplo para las nuevas generaciones, que parecen andar un poco perdidas en el asunto de cuál es el verdadero sentido del rock, puntualiza.

Esta publicación, que está en las mesas de novedades de librerías desde el pasado 9 de marzo, inaugura la colección mediante la cual vamos a decir quiénes somos y a reinventarnos.

En el prólogo, Fernanda Tapia expresa: “Otro gran atributo del libro es que el escritor se solidariza con la sencillez del protagonista y no sucumbe a tener la verdad absoluta del tema, por lo que ‘presta el micrófono’ a muchas otras voces que ponen en perspectiva la realidad del rock mexicano, y no se tientan el corazón para criticar a los dioses y ángeles caídos de la escena. Jarris logró ‘volar sobre el pantano’ sin mancharse las alas. ¿Cómo logró no contaminarse?”

Los otros dioses ocultos será presentado el 10 de abril a las 13:30 horas en el Festival Cultural Martín Reolín Barejón, que se realizará en Lerma, Estado de México.

La cita es en el teatro del ayuntamiento, donde además de la charla con la presencia de Víctor Baldovinos y Fernando Ramírez, Jarris Margalli “tocará algunas rolas”.

lunes, 15 de febrero de 2016

Presentación del libro Los Otros Dioses Ocultos

 
 
 
La Editorial De Otro Tipo

tiene el honor de invitarlo a la presentación del libro:
Los Otros Dioses Ocultos.
Biografía Musical de Jarris Margalli
de
Mario Alquicira

Comentan:

Benjamín Salcedo Villareal (Rolling Stone México)
José Xavier Návar (El Universal)
Víctor Baldovinos (Sound:Check) 
        
4 de febrero, 2016
19:00 hrs.
Teatro Wilberto Cantón
(José María Velasco 59, San José Insurgentes, Benito Juárez, México, D.F.) 
 
 
 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Presentación del libro "Los Otros Dioses Ocultos" en la FIL Guadalajara 2015


La Asociación Mexicana de Bibliotecarios, A.C., con el auspicio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, tiene el honor de invitarlo a las actividades que realizará en la FIL Guadalajara 2015.


10:00 hrs.
4a Reunión Ordinaria 2015 de la Asociación Mexicana de Bibliotecarios


Presentación del libro
Los Otros Dioses Ocultos
Mario Domínguez Alquicira
Universiad La Salle, México


Comentan:
Hugo García Michel

Músico, escritor, editor, periodista

Jarris Margalli
Músico profesional




29 de noviembre, 2015
Salón A Área Intercional
ExpoGuadalajara
Av. Mariano Otero No. 1499, Col. Verde Valle, Guadalajara, Jalisco, México.


lunes, 8 de junio de 2015

Lecturas para reflexionar... El adicto tiene la palabra


 
 
Miguel Angel Sitten Sotelo [1]


Un libro para leerse, si se piensa en las patologías de la modernidad, o en las enfermedades del silencio, o en los trastornos actuales, o en el nombre con el que designe a las manifestaciones del malestar de la cultura en los tiempos presentes.

 

Como bien lo dice su prologuista, Héctor López, el autor nos lleva en un recorrido desde abrir la clásica concepción metapsicológica tópica y dinámica de las adicciones a un tercer eje, el económico-energético, desdoblando la idea propuesta por Sylvie Le Poulichet, y permitiendo entender el síntoma en las adicciones, diferenciándolo del síntoma como formación del inconsciente —propuesta clásica freudiana— lo que le da un lugar a la adicción más allá del síntoma, concibiéndolo como un recurso contra el dolor del trauma, como un goce, pero en negativo. Y entonces se permite enlazarlo a la propuesta de aquellos discípulos de Lacan sobre las teorías del goce, lo que sumerge el tratamiento del problema en el abismo del ello. Lo que a fin de cuentas regresa al Freud de El malestar en la cultura con su expresión de la intoxicación como quitapenas.

 

Un libro para leerse, si se considera su cercanía al espíritu del Proyecto de Freud en cuanto a una explicación energética de las adicciones, lo que centra el fundamento metapsicológico de las adicciones  en la dimensión económica del aparato psíquico, lo que no se contrapone con los últimos descubrimientos de la neurofisiología.

 

Cabe destacar en esta propuesta de la economía psíquica de la adicción, el concepto de hemorragia psíquica que habla de una falla en la función integradora del yo, por lo que un propósito importante de la droga es proveer una coraza contra las cantidades excesivas de energía que irrumpen en el sistema, ocasionando una ruptura que produce dolor, por lo que la droga opera como un dique de contención que restablece artificialmente la consistencia yoica.

  

Un libro para leerse, si se considera la línea conceptual que encuentra su hilo con el psicoanálisis francés y en la que se concluye que las adicciones son un trastorno de lenguaje —esto implica un trastorno de la relación primaria— y una supresión tóxica de la memoria. Lo que obliga a trabajar en la reconstrucción de una historia en tanto asiento de la palabra, un interrogante en el sujeto que movilice cierta cantidad de angustia, en una labor orientada a la producción de una posición subjetiva que permita al sujeto descubrir su propio deseo.

 

Un libro para leerse, si se repasa el vasto jardín conceptual sobre las adicciones que desde el psicoanálisis se ha escrito, permitiéndose una crítica valiente a algunas posiciones que parcializan o vuelven espinoso el problema. Es de llamar la atención la omisión de un autor como Guillermo Mattioli, quien hace una propuesta de intervención desde la transferencia, recurso insignia de la propuesta psicoanalítica. Queda pendiente preguntarle al autor los motivos de esta deuda.

 

Un libro para leerse, en verdad lo vale…  



Nota

[1]  Sitten Sotelo, Miguel Angel, "Lecturas para reflexionar...", en AniaUniverso, núm. 7, junio 2013,  Cd. Obregón, Sonora, pp. 81 y 82.



martes, 2 de diciembre de 2014

Los otros dioses ocultos, de Mario Alquicira

Biografía novelada sobre la vida del guitarrista Jarris Margalli, Javier Márquez Margalli. Crónica del rock nacional a la luz de una de sus posibles figuras subterráneas o emblemáticas, que se circunscribe a un ámbito poco explorado por la literatura y es una magnífica exposición de melomanía y erudición sobre el rock mexicano de los últimos 50 años. Como documento desde lo cronístico e histórico no deja de ser sumamente atractivo. Hay que considerar que tiene una buena cantidad de datos e información relacionada con el rock y otros datos de distintas épocas de la música mexicana de valor documental e historiográfico, musical. Incluso Víctor Baldovinos dice que está escrito con “rigor científico”, lo que es uno de sus aciertos.
La obra, ganadora del tercer lugar de la segunda convocatoria “Se busca escritor” de Editorial De otro tipo, se publicará en el trascurso del 2015.
Este año la convocatoria recibió 103 propuestas literarias provenientes de todo el país, la gran mayoría novelas de ficción, aunque aumentó de manera considerable la participación de textos de no ficción. Las temáticas predominantes en esta convocatoria, tanto en ficción como en no ficción, fueron la denuncia social por violencia, corrupción y desamparo social; el enfrentamiento a la muerte a partir de la enfermedad terminal y, usando en gran medida el tono confesional, el amor, desamor, así como la crisis masculina.

Autor galardonado:
Mario Alquicira es Psicoanalista y Maestro en Filosofía Social. Desarrolla su práctica y su actividad docente en la ciudad de México, donde es Responsable de Proyectos de Desarrollo Estudiantil en la Universidad La Salle. Es profesor invitado en la Maestría en Psicología Clínica de la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha impartido conferencias y seminarios en distintas instituciones de México y Argentina. Es autor del libro El adicto tiene la palabra. El fundamento metapsicológico de las adicciones (Noveduc, 2012). Coautor de los libros Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción. Una visión psicoanalítica (Círculo Psicoanalítico Mexicano, 2001), La interpretación de los sueños, un siglo después (Plaza y Valdés/Asociación Psicoanalítica Mexicana, 2002), Psicoanálisis y cine. Antología del cine comentado y debatido. Tomos I, II y III (CPM 2002; 2008), Trauma, historia y subjetividad (Asociación Argentina de Salud Mental, 2010). Miembro del comité editorial de la revista Carta psicoanalítica (www.cartapsi.org).




Introducción

El origen de este libro fue un proyecto cinematográfico documental de largometraje sobre Jarris Margalli (ex integrante de Mistus, Ninot, Lagartos, Jaguares), auténtico veterano de la escena rockera mexicana. Su figura era al mismo tiempo un pretexto para que Rafael Montero García (México, 1953) realizara un recorrido por los momentos clave en la historia del rock mexicano, con testimonios de sus protagonistas. Nuestro interés era el de que dicho rockumental fuera dirigido por un profesional y, dado que Montero había realizado antes Historia delrock mexicano I y II (México, 2000) y No tuvo tiempo: La hubanistoria de Rockdrigo González (México, 2003) —además de Cilantro y perejil (1996), con la que ganó el Ariel a Mejor Película y Mejor Director—, no dudamos en considerar que se trataba del cineasta idóneo. Tanto más cuanto que Margalli había participado en la banda sonora de dos de sus filmes: Corazones rotos (Brasil-México, 2001) y La cama, película enlatada hasta su estreno en el 27 Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

Como es fácil imaginar, la música era parte fundamental del proyecto. Las rolas estarían relacionadas con historia y personajes, además de ser utilizadas como un elemento estructural en el desarrollo del guión. La idea era producir de forma paralela al rodaje un soundtrack con música de la película. Pretendía ser una road movie, en la que pudieran confluir en una tocada músicos como Armando Nava (Dug Dug’s), Ricardo Ochoa (Peace & Love, Náhuatl), Javier Bátiz, Sabo Romo (Caifanes, Jaguares), Rafael Acosta (Los Locos del Ritmo, Los Locos, Mr. Loco), Saúl Hernández (Caifanes, Jaguares), Guillermo Briseño (Cosa Nostra, El Séptimo Aire, La Banda de Guerra), Arturo Meza, Alberto Isordia “El Pájaro” (Los Tijuana Five, Love Army, Sacrosaurio), Javier Martín del Campo (La Revolución de Emiliano Zapata), Arturo Huizar (Luzbel), Víctor Baldovinos (Iconoclasta) y otros tantos. Para realizar el guión del largometraje, el experimentado director nos pidió contar una historia con actitud rocanrolera, desenfadada y sin prejuicios. Lo que le mandamos fue un ensayo, que apenas pudo leer por estar inmerso en el proceso de edición de su nueva cinta Los amorosos, inspirada en el celebérrimo poema del escritor chiapaneco Jaime Sabines. Fue entonces que nos dijo que si bien el ensayo serviría para dar claridad y ubicar el contexto, lo que se requería era una historia que interpretara todo lo que estaba en el ensayo. Sus palabras textuales fueron: “como cuando alguien te pregunta de qué se trata la película que fuimos a ver y uno se suelta relatando con lujo de detalles lo que pasó en la pantalla, y contamos el inicio, el desarrollo, el clímax y el desenlace; esa es la línea que necesitamos para que yo le de forma cinematográfica”.

Para dar lugar a ese cuento, a esa fantasía rockera, contactamos entonces a otro amigo: el multipremiado escritor y periodista veracruzano Fidencio González Montes (1954-2012), quien presuroso se dio a la tarea de dar una estructura dramática a nuestro ensayo. El resultado fue una ficción, cuyo título provisional era Groovie. Como en otros de sus cuentos, los personajes no aparecen como seres vistos sociológicamente, sino a través de una mirada irónica y sarcástica. Viven siempre en el límite, pues su marginalidad los lleva a salirse de las reglas sociales. Justo antes de su muerte, acaecida el 4 de julio de 2012, el también historietista, alcanzó a entregarnos su escrito, mismo que redactó a pesar de la ceguera derivada de la diabetes que padecía. Pensamos en él no sólo porque la novela con la que ganó la XV edición del premio de literatura juvenil Gran Angular, El ritual de la banda: andanzas de una joven sin pelos en la lengua, tenía un trasfondo de grupos de rock sino porque compartía nuestro punto de vista acerca de que, entre 1970 y 1980 el rock era más contestatario. Como él mismo relató: “Me ha tocado ser testigo de cómo a partir de la década de 1990 el rock ha sido domesticado, comercializado, avasallado”. [1]

Finalmente, como ha sucedido con muchos otros, ese largometraje documental planeado durante la segunda mitad de 2011 no pasó de la pre-producción. Lo que el lector tiene ahora en sus manos es precisamente ese ensayo, donde el leitmotiv es el rock mexicano y Jarris Margalli el hilo conductor. La enorme dificultad para conseguir editorial y que ésta nos tomara en serio para que el libro se publicara, distribuyera y difundiera (pese a contar con el apoyo de Círculo Editorial Azteca), nos llevó a atender a la segunda convocatoria “Se busca escritor” lanzada por De otro tipo en agosto de 2014. Habiendo resultado ganadora del tercer lugar, esta obra se suma al catálogo del sello editorial. En especial, debemos dar las gracias a Walter Jay Nava, su fundador y director, por hacer factible esta propuesta que, acorde con la apuesta cultural y literaria de la editorial, busca ejercer nuestro derecho a escribir y contar nuestra propia historia como sociedad.

Los libros biográficos cumplen una función principal: penetrar en la vida del otro mediante “una voz” narrativa que proporcione ciertas minucias y detalles de la persona en cuestión. Es una forma de acercamiento al otro, algunas veces sujetos desconocidos, otras conocidos. En ambos casos, el propósito es resaltar la memoria como facultad humana. Este proyecto pretende, entonces, rescatar una parte de la documentación histórica y social de la historia del rock en México mediante testimonios. Es una ambiciosa iniciativa que busca recopilar, rescatar y difundir los archivos hemerográficos, fonográficos y fotográficos olvidados. Así, es naturalmente obligado que la lectura de una obra como esta pueda complementarse escuchando a la par las rolas citadas, a manera de soundtrack.

Hay pocas cosas que suenan a rock y los medios nos han vendido cosas que no lo son, pero el rock es una fuerza vital muy pura que no puede domesticarse, disfrazarse o manipularse. El rock tiene raíces negras, tiene blues y soul. Jarris apuesta por la recuperación y el renacer de toda esa tradición rockera en México, que lamentablemente se ha ido perdiendo. En palabras suyas, el rock debe ser “directo” como un tequila, o sea “derecho”.

Se ha considerado siempre un músico underground, aunque ha conocido también la luz de las estrellas. Una y otra vez, Jarris ha enunciado la tesis de que la verdadera esencia del rock está en los grupos underground. Cedámosle la palabra al propio Margalli: “Pero es necesario decir por qué el rock subterráneo es realmente superior: mejores conceptos, mejor música, mejores músicos y ejecutantes, mejores letristas, evidentemente más agallas, contenido y hasta superiores grabaciones y portadas; en pocas palabras: más rock and roll”. [2]

Este texto contraviene la historia oficial del rock mexicano en la medida en que se apoya en la memoria pero también en el olvido, es decir, en lo que ha preferido no recordarse, siendo relegado lejos de la rememoración y el reconocimiento. Al intentar restituir en la medida de lo posible aquello que no ha sido dicho, inevitablemente cobran valor de verdad algunas de las figuras que hasta entonces se habían mantenido ocultas. De ahí que lo hayamos titulado Los otros dioses ocultos.

De acuerdo con De Garay, “si se revisan, aunque sea de manera superficial, los estudios que sobre música mexicana se han realizado, podría mostrarse la poca atención que se ha dado en México al estudio del rock como práctica cultural [y como fenómeno sonoro], misma que resulta más evidente si la comparamos con otros géneros musicales”. [3] No obstante, en los últimos años hemos sido testigos de un fenómeno interesante: la creciente aparición de publicaciones relativas a este tema.

En México, el rock tiene más de cincuenta años de existencia, tiempo en el cual se ha convertido en una de las manifestaciones culturales que han influido con mayor profundidad en la sociedad y caracterizado el desarrollo de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. La historia del rock mexicano sólo ha sido conocida de manera incompleta y fragmentada. Es una historia que aún espera ser contada, en toda su compleja y contradictoria diversidad, con la palabra.

Luego del mítico Festival de Avándaro (realizado el 11 y 12 de septiembre de 1971) toda producción musical alusiva al rock fue relegada al sitio marginal, estrecho, constreñido del silencio durante más de tres lustros, impidiéndose con ello la posibilidad de una futura explotación comercial del rock nacional. Ante la prohibición y la censura, el rock —expresión artística juvenil por excelencia— cayó en la más grande marginación que se haya dado jamás a nivel mundial. De ahí que este lapso —signado por la represión, la exclusión y la persecución— haya sido denominado por algunos como una “larga noche”, una “época de oscurantismo”. [4]

A principios de la década de los ochenta, después de haber sido casi arrancada de raíz, la escena rockera nacional parecía poco a poco volver a florecer. Entre los principales exponentes —que prácticamente inauguraban nuevos géneros para el rock mexicano—, estaban grupos como Dangerous Rhythm, Size, La Caja de Pandora, Chac Mool y, muy en especial, uno llamado Mistus, cuyo guitarrista era nada menos que Jarris Margalli, que con el tiempo se convertiría en uno de los músicos más influyentes de la escena.

En ese entonces no había prácticamente nada de rock and roll, el único grupo consolidado era el infatigable Three Souls in My Mind, además de otros sobrevivientes marginados como los Dug Dug’s, Náhuatl, Enigma y un puñado de gente. Era un primer período de transición para el rock mexicano, en el que empezaban a surgir las primeras composiciones originales (aunque cantadas en inglés). A eso se debe que el primer disco sencillo de Mistus (1981) incluyera temas originales del grupo, pero cantados en inglés; lo mismo que su primer LP, titulado Life of a match (1982), que radiaron en Radio Éxitos y La Pantera. Aun así, Mistus abrió una brecha —en cuanto a la organización de grandes conciertos y al mejoramiento de las condiciones de sonido— que grupos como Las Insólitas Imágenes de Aurora, Ninot, Newspaper, Anchorage, Manchuria, Kerigma o Luzbel pudieron aprovechar. En esos años, al no haber una escena rockera mexicana, lo que los incitaba a buscar algo que no existía era precisamente ser rockeros: “Marc Rodamilans (Mistus) y yo crecimos en la raíz verdadera que era el blues y rock & roll. Escuchábamos a Mott the Hoople, The Sweet, Queen, Thin Lizzy, Ian Hunter, T. Rex y David Bowie”. [5]

Dado a conocer a principios de los ochenta, Mistus contó con una gran cantidad de adeptos entre 1980 y 1985. Las bases del grupo eran básicamente heavy metaleras, inclinadas hacia el progresivo, el softrock y otras corrientes. Estas tendencias no seguían una línea específica, lo que hacía aún más difícil etiquetar o encasillar al grupo dentro de un estilo definido.

En el caso de Mistus, el hecho de cantar en inglés obedecía al sueño muy poco probable de que su música llegara a ser escuchada en el extranjero y, de ese modo, conquistar el éxito internacional. Por esos años existía una polémica sostenida tanto por críticos como por los propios músicos acerca de en qué idioma debía cantarse el rock producido en nuestro país. Entre los críticos que defendían a ultranza el rock en español estaban: Víctor Roura, Xavier Velasco, Antonio Malacara, José Xavier Návar. La otra vertiente, del rock en inglés, tenía como máximos representantes a los miembros de los grupos, principalmente Size, Dangerous Rhythm, Zig-Zag, Anchorage y Mistus. [6] En opinión de la prensa, si Mistus hubiera grabado en español, “tal vez se le hubiera adelantado con algo original a muchos grupos de rock nacional que todavía no definían su sonido”. [7]

Con los ochenta llegaron también otras agrupaciones, la mayoría de las cuales optaron por el idioma español para plasmar sus letras. Segundo período de transición que implicó la “reapropiación” de nuestro idioma como vehículo de comunicación. Tras la ruptura de Mistus, a mediados de esa década, Margalli se integró a Ninot, banda con toques psicodélicos y con una vena techno-pop que editó dos discos: These Are the Future Spaces (1986) y Mil marionetas (1988). Por esos años surgieron los Caifanes, que se convertirían en punta de lanza de una generación de músicos que no sólo oxigenó al rock nacional, sino que culminó con la conquista de los renuentes medios de comunicación y el consecuente acceso a un público masivo con el boom del “rock en tu idioma”, movimiento del cual Ninot formó parte un tanto al margen del mainstream. De esa camada de grupos —entre los que se encontraban Neón, Fobia, Bon y los Enemigos del Silencio, Kenny y los Eléctricos, Ritmo Peligroso y los Amantes de Lola— fue Caifanes el que resultó catapultado. Eran tiempos difíciles en los que había pocos lugares destinados a la difusión del rock, entre ellos: el Foro Cultural Tlalpan, El Ágora, Rockotitlán, el Bar 9 y las tocadas de los hoyos fonkys. Poco después surgieron Rock Stock y el L.U.C.C. que también fueron importantes para que Ninot y muchas otras bandas de la época dieran a conocer su trabajo.

En 1991, Mistus se reunió para grabar Eternamente subterráneo (Discos Nada), con todas las piezas en español. Entre los músicos invitados se encontraban Saúl Hernández, Alfonso André (Las Insólitas Imágenes de Aurora, La Suciedad de las Sirvientas Puercas, Flema Seca, Caifanes) y Raúl Greñas (Luzbel, Argus). Ya en 1994, apareció el cassette de Jarris y La Luna Verde (Discos Jarro) y dos años más tarde, el guitarrista participó como invitado con Los Lagartos, con quienes acudió a un festival en Puerto Rico, al lado de El Tri y Fobia.

Ya en 1998, Jarris Margalli se unió a los Jaguares, con quienes grabó el disco doble Bajo el azul de tu misterio (1999). Permaneció en ese grupo hasta 2000 y cuatro años más tarde se lanzó como solista con el disco Soul, el cual recibió excelentes comentarios por parte de David Fricke, director y crítico de la revista Rolling Stone.

En 2009 apareció Crudo, con invitados como Guillermo Briseño, un álbum doble con el que Margalli rindió culto a emblemáticas figuras del rock and roll, que lo han nutrido a lo largo de su historia.
El hecho de consignar estos acontecimientos tiene interés en función de que la historia del rock en México está poco documentada y hay muchos aspectos de su desarrollo que aún resultan desconocidos. En ese sentido, coincidimos con Cortés en cuanto que una carencia importante en la construcción del rock nacional es la referente a “la ausencia de información, el nulo registro histórico y documental de quienes lo han forjado desde la trinchera”. [8]

Nuestro afán es no sólo el de intentar reconstruir los sucesos a partir de fragmentos o de historias individuales, que se van articulando a lo largo del tiempo, sino el de dar cuenta del contexto histórico-social en el que está inserto el rock mexicano. De esta forma, se trata más de retratar una época que de describir a un determinado personaje. Ahora bien, la dimensión histórica remite directamente al problema de la identidad, mismo que ha constituido una de las principales preocupaciones de Jarris Margalli: la referente a su estilo propio y la que tiene que ver con la búsqueda de un rock autóctono que carezca, casi de forma absoluta, de influencia extranjera.

Prueba de esto son sus colaboraciones en la revista Alternativa Rockotitlán con la sección fija “El Libro de Jarris” que, con la idea de divertir e informar al mismo tiempo, ofrecía listas organizadas por temas, una de las cuales era precisamente la referente a algunos discos clásicos de rock mexicano subterráneo de diferentes épocas y estilos. Alternativa surgió con el mismo interés y actitud que Rockotitlán (su cuna y alma mater), a saber: ser un espacio de apoyo definitivo al rock hecho en México. Desde su creación, en 1991, pretendió ser un punto de convergencia para el rock mexicano, desde el cual fuera posible proyectar lo que podía llegar a ser un movimiento cultural alternativo. Prueba del lugar prioritario que dio a los grupos mexicanos fue el hecho de que siempre les dedicara la portada. Entre sus colaboradores estaban: David Cortés, José Xavier Návar, Víctor Baldovinos, Ricardo Bravo, además de Jarris Margalli. Por ser considerado un documentado melómano, Jarris fue invitado, en abril de 1994, a participar en Metropolirock, espacio periodístico dedicado a la información, divulgación y análisis de la música popular contemporánea y de los fenómenos suscitados en torno a ésta. Metropolirock surgió en la Sección Metropolitana de Excélsior como respuesta al notable poder de convocatoria de los grupos de rock y a la creciente tendencia de la expresión artístico-juvenil a tomar forma por medio del rock. Por su innegable valor documental, se incluyó la columna “Los discos de Jarro” con una selección de la extensa lista de discos de rock mexicano encaminada a resaltar someramente los elementos que han otorgado al rock una identidad y personalidad propia.

Otra evidencia de esto es el sistema de enseñanza ideado por él, como maestro de guitarra de tantas generaciones desde 1979, en el que antes que intentar desarrollar técnicas de virtuosismo espectacular carente de sustancia se encuentra la intención y la actitud. Se trata de nutrirse del auténtico y verdadero rock and roll, denso, aplastante. Fomentar la creatividad en sus alumnos para que lleguen a adquirir un sonido propio, distintivo. Ante la pregunta “¿Es necesaria una preparación musical para poder tocar rock?”, el antiguo guitarrista de Mistus respondió: “Debe existir un conocimiento básico hasta cierto punto, pero todo lo demás es sentimiento y eso no se puede estudiar. Uno debe desarrollar con el tiempo una técnica instrumental propia. Es algo espontáneo y libre. Las escuelas lamentablemente limitan al alumno a interpretar un determinado tipo de música”. [9] Además de forjador de muchos guitarristas, llegó a manejar —entre presentaciones exitosas pero esporádicas con Ninot— a grupos como Las Ratas de Coyoacán, buscándoles foro en el pequeñísimo circuito capitalino.

Notas

[1] González Montes, Fidencio, citado por Karla Zanabria, en El Financiero, 14 de abril de 2011, p. 40.
[2] Margalli, Jarris, “Los Discos de Jarro”, en Excélsior, 15 de octubre de 1994, p. 18-M.
[3] Garay Sánchez, Adrián de, El rock también es cultura, México: Universidad Iberoamericana, 1993, p. 9.
[4] Urteaga Castro-Pozo, Maritza, Por los territorios del rock. Identidades juveniles y rock mexicano, México: Causa Joven/CONACULTA, 1998, p. 105.
[5] Margalli, Jarris citado por Juan Carlos Villanueva, en Rolling Stone, número 27, enero 2005, p. 23.
[6] Ceja, “La bipolarización del rock en México. El eterno dilema: ¿rock en español o en inglés?”, en Conecte, núm. 214, Año Siete, mayo de 1981, pp. 32- 34.
[7] Gallardo, Eduardo, “Rock Express. ‘Mistus’ grabará rock en español”, en El Sol de México, Espectáculos, 29 de enero de 1985, p. 5.
[8] Cortés, David, La vida en La Barranca, México: Ediciones Stella, 2008, p. 8.
[9] Margalli, Jarris, citado por Octavio Hernández, en “Al rock mexicano le falta producción”.